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Puño cerrado y al aire significa ¡silencio!

por La Verdad

Por Agencias / La Verdad Noticias. La señal del puño en alto ha tenido diferentes significados a través de la historia. Algunas de ellas en señal de adherencia a una ideología política, o a un gesto agresivo y anacrónico, pero en México se le ha dado un significado muy diferente. Por medio de redes sociales circulan fotos de rescatistas y ciudadanos trabajando arduamente en el rescate de personas atrapadas abajo los escombros de los edificios que se derrumbaron por el sismo de 7.1 grados en la escala de Ritcher registrado la tarde de ayer. En las fotos que se comparten se asegura que cuando las personas levantan los puños al aire, significa que se requiere silencio de todos para poder escuchar si algún sobreviviente se encuentra gritando bajo los escombros, y comenzar las labores de auxilio.

Puño cerrado ¡Silencio!

Todos levantan las manos con los puños cerrados. Saben que ésa es la señal de que están por rescatar a una persona que se encuentra entre los escombros del edificio Petén.  

Al momento que alzan los brazos gritan “silencio, silencio”. Todos hacen caso y callan, pues entre el montón de piedras, varillas, y tierra escuchan a un hombre pedir auxilio.

Así fue cómo lograron sacar de entre ese montón de tierra a un señor de más de 50 años, quien habitaba el edificio de Petén #905, esquina con Zapata.

Este inmueble contaba con seis pisos, en la parte de abajo tenía una tintorería que se derrumbó tras el temblor que sacudió la CDMX, ayer.

Los vecinos relataron que el inmueble era habitado por al menos 15 personas de la tercera edad, pues hay 12 departamentos.

Fabiola Marques, dueña de la tintorería, cuenta que las dos personas que trabajaban con ella quedaron atrapadas entre los escombros: Miguel Hernández, de 55 años y Virginia de, 52 años.

Las manos aquí no faltan. Hombres, mujeres, estudiantes, oficinistas, policías, personal de las secretarías de la CDMX llegaron al lugar.

Unos golpean los escombros con mazos  y bloques de lozas, el fin es convertirlos en pequeñas piedras que pasan de mano en mano hasta llegar a un camión de cascajo mientras que otros más comienzan a traer palas, picos o cualquier material para ayudar.

Otras personas corren a sus casas a preparar comida y a comprar agua. Saben que el personal voluntario ya está cansado y hambriento. Al llegar al lugar del desastre, reparten comida.

“¿Quieres agua? Aquí hay comida y agua”, gritó una mujer de cabello rubio, que estaba acompañada de tres adolescentes.

Familiares de las personas que quedaron en el edifico comienzan a llegar y esperan a que en algún momento rescaten a su familiar.

Cuando los voluntarios gritan nuevamente “silencio, silencio” y levantan las manos con el puño cerrado, las personas esperan que esta vez sea uno de los suyos.

Una mujer de aproximadamente 55 años sentada a 40 metros del edifico caído espera que sus dos hermana sean rescatas.

 

“Mis dos hermanas estaban ahí adentro, en el departamento 101 y 102. Ellas son Maria y Eugenia Balderrano. Yo salía al centro por eso no estaba ahí”, cuenta tras lágrimas.

 

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