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'No dio tiempo de nada': maestra del colegio que colapsó

por La Verdad

Casi todos los 315 estudiantes de primaria y secundaria pudieron salir de uno de los edificios; 32 niños, 10 maestros y personal administrativo no corrieron con la misma suerte.

CIUDAD DE MÉXICO.- No dio tiempo de nada, “de repente todo se vino abajo", repetía una de las maestras a los padres de familia que angustiados preguntaban por sus hijos del Colegio Enrique Rebsamen. Casi todos los 315 estudiantes de primaria y secundaria pudieron salir del edificio dañado pero que no colapsó; los  32 niños y diez maestros, más personal administrativo del segundo edificio no tuvieron la misma suerte. Unos murieron, otros fueron rescatados y otros más están bajo escombros en espera de que sus gritos guíen a los rescatistas. José Eduardo, de segundo grado, fue encontrado por, Frida, perra pastor alemán del Ejército se metió por un hueco del edificio colapsado y guió a su entrenador. Se oyó el grito: "camilla" mientras dos puños cerrados hacia arriba obligaron al silencio. Dos padres rompieron las vallas de seguridad y se acercaron a la ambulancia. Pidieron ver al niño para identificarlo y no, no era su hijo. "No sé nada de él. Hemos ido por todos lados y no sabemos nada. Es de preescolar. Pidieron a los helicópteros que salieran de la zona porque impedían escuchar las llamadas de auxilio de los niños atrapados, entre ellos a Fátima Navarro, que con celular en mano enviaba mensajes a sus maestros. A esas horas se sabía de tres niños muertos y una maestra. La última cifra mencionada por el presidente Enrique Peña Nieto por la noche fue de 21 niños y cuatro adultos fallecidos, 11 rescatados, además de 30 desaparecidos.

VOLUNTARIOS Y AYUDA

Se convirtió en la calle de la tragedia y de la esperanza. Integrantes del Ejército, la Marina, bomberos, policía, más padres de familia, maestros y voluntarios tumbaron la barda perimetral del colegio; los rescatistas requerían espacios amplios para el ingreso de maquinaria pesada, ambulancias y equipo de emergencia. Los vecinos del fraccionamiento de enfrente abrieron sus instalaciones y pusieron sillas, mesas, agua, comida, sábanas, cobertores, material de curación, herramientas, casas de campaña y mucho de lo que llegaba para ayudar en algo a mitigar la tragedia. Una maestra anunció el fallecimiento de tres niños, entre ellos José Eduardo Huerta. Sus padres se tambalearon, y un diácono de una iglesia cercana no podía calmar su dolor. Murió también su maestra, miss Claudia.

FÁTIMA UNA SOBREVIVIENTE.

Sus hermanos están desaparecidos, los tres acudían al colegio. Sus padres la abrazaron y ella gritaba.
"Papá, llévame por favor con mis hermanos, no los vi, no sé dónde están: No sé qué les pasó, dime que están bien, que no les pasó nada". Al padre ya le habían informado que uno de sus hijos había fallecido y el otro continuaba atrapado.
Padres y voluntarios se entremezclaban con los marinos, los soldados, los bomberos, los policías capitalinos y efectivos de la Gendarmería. Rompían muros y retiraban escombros con botes. Las voces no dejan de escucharse.

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