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Migración: Problema político, social y laboral
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Migración: Problema político, social y laboral

En los últimos cuatro años aumentó 580% el número de personas procedentes de Honduras, El Salvador y Venezuela que solicitaron quedarse en México.

por La Verdad

Cuando entre octubre y diciembre del año pasado la Caravana Migrante de hondureños, guatemaltecos y salvadoreños cruzó la República Mexicana y se asentó en la frontera norte para tratar de ingresar a Estados Unidos, las redes sociales se polarizaron.

Unos pedían que todos los migrantes (incluyendo a los venezolanos y cubanos) fueran regresados a sus países de origen porque estaban quitando empleo y recursos a los connacionales, aduciendo que millones de mexicanos viven en la pobreza y se les escatiman los apoyos.

Otros aplaudían a la Caravana y recordaban la tradición hospitalaria de México al haber acogido a miles de españoles y sudamericanos perseguidos por sus gobiernos hace ya algunas décadas. El asunto fue tan grave que hasta algunas ciudades del norte del país, con Tijuana como ejemplo, se declararon en crisis humanitaria, como las de Europa al recibir inmigrantes de África y de Medio Oriente.

Lamentablemente, estas discusiones poco aportaron a la ciudadanía para que se conozca a fondo el problema y hasta se presentaron confusiones con los diversos estatus globales para clasificar las migraciones humanas.

En términos generales, se consideran tres grandes clases de migrantes:

  1. Los migrantes económicos (los que salen de su país para conseguir un empleo mejor y poder satisfacer las necesidades básicas de sus familias).
  2. Los desplazados (que por motivos de violencia o persecución tienen que dejar su lugar de residencia, pero se desplazan dentro de su propio país).
  3. Los refugiados y asilados (aunque hay diferencias entre estas dos definiciones, son quienes por problemas políticos, religiosos o porque su vida se encuentra en peligro, tienen que abandonar su tierra).

La Caravana Migrante de octubre, noviembre y diciembre del año pasado, fue específicamente de migrantes económicos. Se trata de alrededor de 5,000 (la cifra real quizá nunca se sabrá) que intentaban llegar a Estados Unidos para poder tener un mejor nivel de vida, a través de las remesas que se envían a sus países de origen.

Remesas: hasta 20% del PIB.

El grave problema de los países expulsores de migrantes económicos, es que, al interior, no existen las condiciones para que los ciudadanos tengan empleos bien remunerados que les permitan satisfacer las necesidades familiares más apremiantes y por ello ven la emigración como esperanza.

“Las grandes y persistentes diferencias salariales en el mundo son los principales factores que impulsan la migración económica desde países de ingreso bajo a países de ingreso alto”, dice el informe Moving for Prosperity: Global Migration and Labor Markets (Trasladarse para alcanzar la prosperidad: La migración mundial y los mercados de trabajo), elaborado por el Banco Mundial hace unos meses.

Y agrega: “La migración mundial ha sacado a millones de personas de la pobreza y fomentado el crecimiento económico. Sin embargo, si los países de destino no implementan políticas que aborden las fuerzas del mercado laboral y gestionan las tensiones económicas a corto plazo, corren el riesgo de salir perdiendo en la competición mundial por el talento y de dejar grandes vacíos en su mercado de trabajo”.

En buena medida esto es lo que está sucediendo en los países centroamericanos como Honduras, El Salvador y Guatemala, de donde partieron los participantes en la caravana de fines del año pasado.

El ejemplo más claro es que, de acuerdo con las estadísticas propias de cada país y de instituciones financieras internacionales, esas naciones tienen una dependencia económica cada vez mayor de las remesas que envían sus migrantes.

Se estima que al iniciarse 2019, en El Salvador el 20% de su economía depende de los envíos de remesas, en Honduras el 19% y en Guatemala el 12%. Estos tres países que conforman el llamado Triángulo del Norte de Centroamérica, fueron objeto de las primeras pláticas que sostuvieron el actual presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, y su homólogo estadounidense, Donald Trump, quienes coincidieron en la urgencia de un plan especial para la zona.

México, origen, camino y destino

En nuestro país, a pesar de que las remesas tienen cada día más peso en la economía, al grado de ser una de las principales fuentes de ingreso de divisas, superando al turismo y al petróleo, únicamente representan alrededor de 3% del Producto Interno Bruto (PIB) y cerraron 2018 con un aproximado de 33,000 millones de dólares.

Lamentablemente la mayor expulsión de mexicanos hacia el exterior (y también hacia las grandes zonas urbanas) se registra en el campo, en donde el sector primario produce sólo 4% del PIB, para distribuirse entre alrededor de 25 millones de habitantes.

Precisamente por la desesperación de jóvenes del medio rural, es que México sigue siendo expulsor de migrantes hacia Estados Unidos. En términos generales, nuestro país ocupa el segundo lugar mundial como origen o emisor de migrantes con casi 13 millones, sólo superado por La India con 16.6 millones.

Paralelamente también se encuentra en el foco mundial por ser un país de paso de los migrantes (como los de la Caravana) centroamericanos y hasta caribeños (como sucedió con los haitianos hace unos años) que buscan llegar a Estados Unidos, principal receptor mundial de migrantes, con casi 50 millones.

En años recientes nuestro país se ha convertido en receptor de migrantes de varios países, como Argentina, Cuba, Venezuela y desde luego Centroamérica y El Caribe. Al respecto, el representante en México del Alto Comisionado para los Refugiados de la ONU, Mark Manly, dijo que en los últimos cuatro años, aumentó 580% el número de personas procedentes de Honduras, El Salvador y en forma creciente de Venezuela que solicitaron quedarse en México.

Por su parte, el presidente del sistema de las Naciones Unidas en México y representante del Programa Nacional de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Antonio Molpeceres, piensa que tarde o temprano México se convertirá en un país receptor de migrantes, principalmente centroamericanos, quienes están viendo el territorio mexicano como destino y no solo de tránsito hacia los Estados Unidos. Este fenómeno, añadió, se está dando en ciudades altamente industrializadas y localizadas en el Norte del país como Monterrey, Nuevo León y Saltillo, Coahuila que se han convertido en mercados laborales de destino.

Remesas, efecto del TLCAN

Cuando se analiza el caso de la emigración de mexicanos y de la importancia de las remesas en la economía nacional, puede observarse un fenómeno interesante: el boom de las remesas está ligado con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Si bien el fenómeno emigratorio ha sido histórico y ha tenido diversas etapas, que van desde los braceros y los mojados hasta los actuales desesperados que no encuentran trabajo en el campo o los especialistas de alto nivel que salen del país para buscar mejores oportunidades, hay datos históricos que vale la pena mencionar.

En 1993, poco antes de que entrara en vigor el TLCAN, las remesas representaban solo 0.7% del PIB, para 1995 subió a 1.2% y se calcula que para este año llegarán a 3% del PIB.

Esta cifra da una idea de que en el Tratado no se tomaron las suficientes providencias para que en México se creara una política de empleo que mejorara el capital humano y se evitara que los connacionales salieran del país.

“A menudo, los migrantes triplican sus salarios después de trasladarse a otro país, lo que contribuye a que millones de ellos y sus familiares en sus países de origen escapen de la pobreza. Los países de destino suelen beneficiarse de que los migrantes cubran funciones esenciales, que van desde avanzar la frontera tecnológica en Silicon Valley a construir rascacielos en Oriente Medio”, dice el documento del Banco Mundial.

Y añade: “las políticas eficaces sobre migración deben obrar a favor, en lugar de en contra, de las fuerzas del mercado laboral. Por ejemplo, cuando exista una gran demanda no cubierta de mano de obra estacional, los programas de migración temporal, como los de Canadá o Australia, podrían abordar las carencias del mercado laboral a la vez que desalientan la migración irregular permanente”.

Por su parte, en los países emisores la política debe ser generar mejores condiciones de vida para que los trabajadores no tengan que buscar otras opciones mejores fuera de sus fronteras.

La conclusión general es que mientras en México y los países latinoamericanos (en general, aunque particularmente los centroamericanos) no se generen empleos bien remunerados y con mejores condiciones laborales, el capital humano seguirá emigrando.

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