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Los últimos minutos del colegio Rébsamen

por La Verdad

Agencias / La Verdad Noticias. Con la advertencia de “saquen a todos, se está escapando el gas”, un hombre grita por el patio del Colegio Enrique Rébsamen, ante unas maestras alarmadas y niños aglutinados cerca de la barda. Algunos jóvenes corren mientras se observa una parte de la escuela derrumbada. ¿Había alguien ahí? -Pregunta el mismo hombre, que evidentemente lleva el móvil en la mano con lo que grabó. Las imágenes dieron la vuelta al mundo a través de Time y CNN según consigna el primer medio en redes sociales. En el sitio aún se realizan labores de rescate, luego de que el edificio colapsó tras el sismo de este 19 de septiembre. Hay más de tres decenas de víctimas mortales, la mayoría niños. https://twitter.com/TIME/status/910530869382828033 Ubicada al sur de la ciudad, en la escuela Enrique Rébsamen había alrededor de 300 alumnos. Ante las primeras sacudidas, la parte del edificio más cercana a los puntos de seguridad fue desalojada; en esa área, explican vecinos de la colonia Nueva Oriental Coapa, estaba la mayor parte de los estudiantes. Fue en la zona opuesta, donde los techos y los muros cayeron sobre los alumnos y los maestros. La noticia se esparció en unos minutos. Los primeros voluntarios inundaron las redes sociales, solicitando personal de apoyo y pidiendo a la sociedad llevar agua, material de curación, hielo, jeringas, oxígeno y sábanas. Alrededor de las 17:00 horas de ayer la sociedad civil había sobrepasado la convocatoria, un grupo de voluntarios colocó una valla a un par de calles a la redonda, en donde se recibían los donativos que llegaban por cientos. Mientras avanzaba la tarde, los voluntarios se mezclaron con los efectivos de la Marina y con miembros de la Gendarmería. También hay soldados, bomberos, policías, boy scouts, curas. Todos intentaban aliviar un poco la pena de los padres que no recibían noticia de sus hijos.   Cada hora llegan decenas de personas. Todos preguntan en qué pueden ayudar. Las manos sobran, lo que comienza a faltar son las herramientas, las palas, los equipos médicos, la gasolina. Los rescatistas necesitan comer, casi anochece y apenas han tenido tiempo de tomar agua. La vida parece detenida. Mientras algunos corren, empujando carritos de supermercado llenos de víveres, un grupo de mujeres elabora y pregona la lista más importante del momento: los nombres de los niños trasladados, los rescatados y, sí, también la de los fallecidos.

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