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Estudiantes recuerdan la masacre del 10 de junio en México
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Estudiantes recuerdan la masacre del 10 de junio en México

El 10 de junio de 1971 el gobierno de México masacró a más de cien estudiantes en la CDMX que demandaban la democratización de la enseñanza.  

por LaVerdad

Estudiantes recuerdan la masacre del 10 de junio en México

Estudiantes recuerdan la masacre del 10 de junio en México

A 48 años de distancia los hechos que marcaron el 10 de junio de 1971 en México, conocido como La Masacre del Jueves de Corpus o La Masacre de Corpus Christi —llamada El Halconazo- nuevamente cobran vida. La muerte de una centena de estudiantes marcó una página en la historia del gobierno mexicano que dejó en claro su método represivo contra las manifestaciones estudiantiles que luchaban por la democracia.  

Luego de la Matanza del 2 de octubre de 1968 en México perpetrada en el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, su sucesor en el poder, Luis Echeverría Álvarez presentó su gobierno como uno de apertura hacia los movimientos sociales; fue en este periodo cuando personajes como José Revueltas, escritor, activista y preso político, resurgieron en el ámbito político.

No se sabe aún cuántas personas murieron. Oficialmente se habló de 120 fallecidos.
No se sabe aún cuántas personas murieron. Oficialmente se habló de 120 fallecidos.

En 1971, los estudiantes demandaban especialmente la democratización de la enseñanza, el control del presupuesto universitario por los alumnos y profesores y que éste representara un 12% del PIB, así como libertad política donde obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales gozaran de libertades democráticas reales y controlaran el régimen social; Educación de calidad para todos, en especial para campesinos y obreros, y mayor importancia y respeto a la diversidad cultural mexicana; estricta apertura democrática, apoyo a la vida política sindical de los obreros y fin de la represión por parte del gobierno de México.

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LOS ORÍGENES

A la par de la anunciada apertura, en la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), estudiantes y profesores establecieron una ley encaminada a un gobierno paritario, esto en 1971. Al gobierno estatal no le pareció esta medida, por lo que redujo en gran medida el presupuesto asignado a la universidad y obligó al Consejo Universitario a aprobar una ley que supondría la pérdida de la autonomía de la institución.

Ante la presión del gobierno de México, integrantes de la UANL organizaron una huelga y pidieron el apoyo de todas las  universidades del país. Las primeras en responder fueron la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Estudiantes recuerdan la masacre del 10 de junio en México
Estudiantes recuerdan la masacre del 10 de junio en México

A pesar de que las exigencias en la UANL ya había derivado en la renuncia del gobernador de Nuevo León, Eduardo A. Elizondo Lozano, y en la promulgación de una nueva ley con la que muchos daban por terminado el conflicto, estudiantes capitalinos organizaron una marcha para el día 10 de junio en México, pues decían aún había temas que atender.

Así, el 10 de junio de 1971 la marcha partió de la estación Normal del metro con rumbo al Zócalo del entonces Distrito Federal.

EL DERROTERO

La marcha comenzaría en el Casco de Santo Tomás y recorrería las avenidas Carpio y de los Maestros para salir a la Calzada México-Tacuba para finalmente dirigirse al Zócalo capitalino de México.

Las calles que desembocan a la Avenida de los Maestros estaban bloqueadas por granaderos y agentes policiacos, los cuales impidieron el paso de los estudiantes. También había tanquetas antimotines a lo largo de Melchor Ocampo junto con transportes del ejército, los cuales se ubicaban cerca del colegio militar y transportes de granaderos en un enorme contingente policíaco en el cruce de las avenidas Melchor Ocampo y San Cosme en México.

Un grupo de choque entrenado por la Dirección Federal de Seguridad y la C.I.A., conocido como “Los Halcones”, los cuales llegaron en camiones y camionetas grises y transportes de granaderos atacó brutalmente a los estudiantes de México desde las calles aledañas a la Avenida de los Maestros después de que los granaderos abrieran sus filas.

Estudiantes recuerdan la masacre del 10 de junio en México
Estudiantes recuerdan la masacre del 10 de junio en México

Los paramilitares estaban armados con varas de bambú, palos de kendo y porras, por lo que en un principio fueron fácilmente repelidos por los estudiantes. En un contraataque, los Halcones agredieron a los manifestantes en México una vez más, esta vez, no sólo con sus garrotes, sino con armas de fuego.

La policía de México no intervino, pero permaneció como espectadora permitiendo la masacre. El tiroteo se prolongó por varios minutos, durante los cuales algunos transportes daban apoyo logístico al grupo paramilitar, dotándolo con armas y transportes improvisados, como lo fueron automóviles privados, camionetas, patrullas policíacas e incluso una ambulancia de la Cruz Verde.

Los heridos fueron llevados al hospital general Rubén Leñero, pero fue inútil, pues los Halcones llegaron al nosocomio y allí dieron remate a los jóvenes aún en el quirófano, además de intimidar a los internos. El número de muertos fue cercano a 120, entre ellos un muchacho de catorce años: Jorge Callejas Contreras.

Esa misma noche, elementos del ejército resguardaron el Palacio Nacional en CDMX y el entonces presidente Luis Echeverría anunció una investigación sobre la matanza y afirmó que castigarían a los culpables.

Alfonso Martínez Domínguez, regente de la ciudad, y Julio Sánchez Vargas, procurador general, negaron que hubiera Halcones y los jefes policíacos culparon a los estudiantes de haber creado grupos extremistas dentro de su propio movimiento, quienes finalmente habrían atacado a sus compañeros. Pasó una semana hasta que Escobar aceptara que los había, pero no los involucró en la matanza.

El alto número de periodistas agredidos y de evidencia gráfica de los sucesos logró que la prensa contradijera la versión oficial del gobierno y aceptara la existencia del grupo.

Martínez Domínguez entregó su renuncia a Echeverría el 15 de junio pues estaba convencido de que los manifestantes habían sido provocados, entre otras cosas, para que el gobierno tuviera un pretexto y se deshiciera de él. Durante años, Martínez Domínguez recibió el apodo popular de “Don Halconzo” (ya que formalmente se le conocía como Don Alfonso), en alusión a la matanza del Jueves de Corpus en México.

El terrible saldo de la manifestación desanimó a muchos estudiantes, pero también propició que se radicalizaran otros más, quienes más tarde formarían parte de las organizaciones guerrilleras urbanas.

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