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UN CRUJIDO
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UN CRUJIDO…

…Cómo de una rama seca que se parte al pisarla. Ese fue el sonido que me puso en alerta y que me hizo sentir un escalofrío recorriendo mi espalda.

por FernandoGonzález

UN CRUJIDO

UN CRUJIDO

No había duda. Yo sabía de dónde provenía: de mi pierna.

Con cuidado me incorporé para observar el daño: ¡Mi rótula había desaparecido! Sólo veía el fémur pegado a la tibia, como si fuera la pierna de un muñeco de papel maché del día de muertos.

Grité de rabia y de incredulidad. Lo cual alertó a mi familia que llegaron rápidamente a mi lado...

Unos segundos antes, había corrido con los pies descalzos por el pasillo sin darme cuenta del agua derramada, resbalé y recuerdo cómo volé por el aire un metro o más sin poder hacer nada antes de caer con todo mi peso sobre mi rodilla.

La ambulancia de la cruz verde llegó muy rápido tras haber llamado al 911. Al explicar la situación a los paramédicos, la más joven de ellos improvisó un pedazo de cartón para usarlo como soporte de mi pierna. Pensé en todas las personas en alguna situación de emergencia, probablemente peor que la mía, siendo atendidos con implementos improvisados.

La paramédica regresó fácilmente la rótula a su lugar de dónde quiera que se había ido, lo cual me hizo sentir mejor.

Me subieron a la ambulancia cuando casualmente iba pasando una sobrina que observó absorta la maniobra mientras yo, sonriente, le decía adiós con la mano, tratando de que no se preocupara.

Me transportaron al hospital más cercano, bastante cercano. Los gastos fueron cubiertos por el seguro médico del trabajo.

Cuando la sirena se apagó y las puertas se abrieron, me sentí tan aliviado que incluso comenté que probablemente no había sido fractura, pero vi cómo la expresión de los paramédicos se ensombreció. Eso y el recuerdo del sonido que había escuchado me hicieron sentir menos optimista.

Cuando el traumatólogo llegó, no titubeó para revisarme moviendo las partes de mi rodilla que apenas se habían asentado, causándome un gran dolor en el proceso: __ Su rótula está partida en dos. También tengo que arreglar los tendones, etc. Pero no se preocupe, voy a hacer un cerclaje: voy a amarrar los dos pedazos de rótula con alambre de acero, enredándolo alrededor para darle fuerza. Eso será suficiente para soportar las fuerzas que actúan sobre la rodilla. Cómo formar un ocho de alambre alrededor de la rótula. 

Palidecí. El doctor parecía estar tan acostumbrado a este tipo de acontecimientos. En el rato en que me explicaba el plan para la cirugía tuvo dos llamadas donde le notificaban de accidentados de motocicleta entre otros, que también iban a requerir reconstrucción de huesos…y hasta de cara.

Cómo muchos recordarán, en una época las fracturas se enyesaban. Era engorroso, causaba que especialmente los jóvenes fracturados (niños, adolescentes) se arrancaran el yeso con el riesgo de que sus huesos no soldaran en la posición correcta.

Ahora, la mayoría de los traumatólogos eligen la osteosíntesis o sea involucrar piezas de acero como cables, tornillos etc. que fijan los huesos en su lugar, les dan fuerza, permiten una curación más rápida y pueden quedarse ahí el resto de la vida del paciente.

según me dijo. la fractura de rótula es bastante común, por deporte o por accidentes.

Me prepararon para el quirófano, y me metieron a través de una gran ranura en la pared con rodillos, como si fuera una carta entrando a un buzón.  Una vez adentro, la anestesióloga se presentó amablemente. Una aguja insertada en mi espalda y todo debajo de mi cintura se empezó a adormecer…

 __Espere! En otra cirugía me dieron primero una pastilla que hizo que no me importara la situación, para la ansiedad o algo así...

__Ah!, ahorita le pongo sus tequilitas, __dijo mientras agregaba ingredientes al coctel que fluía por mi columna. No fue lo mismo. Me sentí adormecido pero despierto. Con los ojos cerrados podía escuchar la amena conversación de todos en el quirófano y que giró en torno a comida, especialmente antojitos tradicionales. (También el sonido del taladro)

En cierto momento, el cirujano bajó la sabana que nos separaba como una cortina para decirme que ya habían terminado y que todo estaba bien. Sin embargo, pensar que toda la sangre salpicada sobre su indumentaria era mía, no me hizo sentir muy bien.

Me dijo que, con todo el alambre en su lugar, ya no había problema en que apoyara la pierna.

En lugar de suturas, la larga incisión estaba cerrada con pequeñas grapas. ¿Y esto cómo se quita? __Con un quita-grapas.

Con el paso de las semanas, mi pierna se ponía cada vez tiesa, la hinchazón hacía imposible tratar de doblarla. Cuando la herida evolucionó hacia la cicatrización, visité el consultorio dónde, cómo me había anunciado antes, arrancó de una por una las grapas, sin anestesia, cómo si las extrajera de un papel.

En todo este proceso, mi esposa tuvo que fungir como chofer, enfermera, y más.

Después de sanar la herida, la siguiente etapa era la rehabilitación.

Cuando una parte de nuestro cuerpo ha estado inmóvil durante semanas, necesitamos volver a aprender cómo flexionar esos músculos nuevamente, a caminar, a sostener peso, a guardar equilibrio, todos los movimientos a los que no les ponemos atención cotidianamente y que podemos perder fácilmente.

Recuerdo las dolorosas sesiones en que los terapeutas sin consideración doblaban mi rodilla, empujando cada día más, los límites de ángulo y dolor. Eso se complementaba con los ejercicios en aparatos en los que me ejercitaba diariamente durante seis semanas.

Durante este tiempo, aproveché para leer libros técnicos que tenía pendientes. Incluso en las salas de espera, aprovechaba para continuar mi lectura.

Cuando el Dr. que dirigía el gabinete de rehabilitación me dio de alta, me dijo que había sido afortunado ya que si hubiera volado una distancia mayor en mi caída o que si hubiera golpeado con la cadera o la cintura podría haber quedado permanentemente discapacitado.

Aún después de terminar la terapia, volver a la normalidad implicaba seguir ejercitándome, ir regularmente a un gimnasio y mantener mi pierna en forma. 

Poco a poco, fui adquiriendo el gusto por la rutina del gimnasio, lo cual me trajo resultados positivos: Mejor condición física que antes, sentirme mejor y la meta de superarme: Correr más distancia, levantar más peso...Cada vez un poco más.

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A veces, un acontecimiento fuera de nuestro control nos cambia todo. Nos obliga a poner nuestros asuntos en pausa y a reconsiderar muchas cosas. Te obliga a reagruparte, a esforzarte cada día para estar listo en el momento de volver a lo de antes...

Y tú, estimado lector... ¿Te has esforzado lo suficiente para ese día en que podamos regresar a lo de antes?

Carpe Diem.

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