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¡Tómala papá!

por La Verdad

Adriana Chuc/Diario La Verdad Cancún, Q. Roo Llegó la hora del almuerzo y me quedan 40 minutos para volver al trabajo, así que un fast food me pareció lo ideal. Otras 20 personas pensaron igual que yo y hay una gran fila. ¡Cámara!, no me agüito, mientras espero voy viendo las opciones del menú. Adriana mala suerte se paró detrás de la persona que no sabe qué quiere comer, pregunta los precios, tamaños y los ingredientes de tooodo. Really dude? ¡Elige algo y ya!. Una característica de las sociedades desarrolladas modernas es la abrumadora cantidad de opciones para las decisiones más minúsculas. La Universidad de Cornell realizó un estudio en el que se revela que una persona promedio toma 200 decisiones al día solamente con respecto a su comida. El psicólogo Barry Schwartz hace énfasis en un principio fundamental: la libertad de elección. Uno pensaría que mientras más opciones tengas vives mejor, pero paradójicamente esta capacidad de elección no nos ha hecho más libres, sino que nos ha paralizado y lejos de traernos felicidad, nos ha vuelto cada vez más insatisfechos. Según Schwartz existen cuatro puntos negativos de tomar una decisión entre tantas alternativas: 1. La primera es la parálisis. Esa abrumadora sensación de estar frente a demasiadas versiones de lo mismo y sentirse incapaz de elegir una, el exceso de información en el cerebro genera tanto estrés que terminamos paralizados. 2. Coste-oportunidad. El problema en sí, no es la decisión que tomamos, sino todas las demás cosas que, en teoría, acabamos rechazando. Siempre será más fácil recordar todo lo bueno de lo que renunciaste; elegir es una actividad excluyente, no se pueden tomar dos caminos al mismo tiempo y es esta capacidad de asumir la renuncia, la que nos hace madurar. 3. Altas expectativas. Al existir tantas alternativas, creemos que algo o alguien tiene que ser perfecto, pero ¡oh sorpresa! ¿les cuento un secreto? nada lo es. Siempre terminaremos decepcionados por comparar la decisión que tomamos y sus resultados con las expectativas que teníamos al inicio, y cuando algo no es “tan bueno” como pensabas crees haber tomado una mala elección. 4. Culparse a sí mismo. Si tuvimos la oportunidad de elegir o rechazar las demás opciones entonces siempre... siempre, cree- mos que pudimos haber pensado o elegido mejor y el único responsable de tan mala decisión eres tú pero nunca se nos ocurre que tantas alternativas pueden abrumar a cualquier ser vivo. Al fin de cuentas es un ciclo y no tiene caso compararnos con todo y con todos porque siempre habrá alguien más inteligente, más fuerte, alto o chaparro, con mejores autos o cosas. Es por eso que Schwartz integra otro concepto: lo ”suficientemente bueno”. Entonces, en lugar de buscar la decisión perfecta, el mejor empleo o la mejor pareja, encuentra la que sea suficientemente buena para ti ¡y tómala papá!. No importa que te equivoques, sólo deja de lamentarte por las opciones restantes. Deja la culpa a un lado porque sería imposible conocer la mejor opción en un mundo en donde las alternativas son infinitas y sobre todo, ten en cuenta que en el momento en que tomaste tu decisión consideraste que fue la correcta. Ya es mi turno de ordenar y por supuesto, sé qué pedir: – Señorita, la hamburguesa que quiere se nos ha terminado ¿desea elegir alguna otra cosa?.

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