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No hay Cuarta Transformación sin nueva Constitución
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No hay Cuarta Transformación sin nueva Constitución

Jorge A. Clemente Pérez

Abogado

por LaVerdad

No hay Cuarta Transformación sin nueva Constitución

No hay Cuarta Transformación sin nueva Constitución

Aquí vamos de nuevo, a cultivar el hábito de escribir artículos, no obstante saber que ya nadie lee. Las nuevas generaciones gustan mas de las figuritas y los viejos hemos perdido la vista; las bestias, los analfabetas y los políticos no cuentan. Unos porque no saben leer; otros porque igual no entienden.

Empecemos por la moda: “la Cuarta Transformación”. La primera vez que lo escuche decir, me impresiono. Confieso que me produjo un impacto emotivo. La frase es poderosa.

Cuando pude reponerme y reflexionar en el concepto, especialmente debido al contexto histórico en que se produjo: Independencia de México, el movimiento de Reforma, la Revolución; y ahora esta; La Cuarta Transformación, supuse que equivaldría a colocar el nuevo régimen como la génesis de una etapa de cambios estructurales en el país, lo cual de suyo propio resultaba esperanzador para un pueblo urgido de un golpe de mesa.

Siempre he sido un soñador. Admito que lo creí. Pero siendo abogado mi ingenuidad tiene su umbral bastante bajo. Cuando escuche que no habría convocatoria a un Constituyente originario (para distinguirlo de esa ficción inventada a fin de burlar la voluntad soberana llamada Constituyente Permanente); mi entusiasmo regreso a modo “automático”, del día a día.

Entendí que era mas de lo mismo. Ninguna transformación de esa envergadura puede venir de arriba hacia abajo; del gobernante al gobernado, por muy bien intencionado que sea el caudillo protagonista en turno. Baste solo recordar, que las tres transformaciones dentro de las que se pretende incluir esta ultima, vienen acompañadas de sendas Constituciones Políticas.

En efecto, la Independencia pario la Constitución de 1824; la Reforma, promulgo la de 1857; y la Revolución, la de 1917, de la cual, dicho sea de paso, no queda nada, pues la han reformado mas de 650 ocasiones y apenas tiene 136 artículos. Entonces me dije: No hay Cuarta Transformación, sin nueva Constitución.

La anterior conclusión “aguafiestas”, no solo es producto de una ecuación pretendiendo establecer que la relación entre transformaciones nacionales y Constituciones, es imprescindible; también es resultado de entender la realidad política de México y de saber lo que es una Carta Magna.

Tratare de explicar. Todo cambio en políticas publicas, requiere de una institucionalización para su legalidad y ejercicio; esta se lleva a cabo a través de la formulación de leyes que incorporan al Estado tanto los cambios, como los órganos que habrán de ejecutarlos. Y bueno, ya comentamos que nuestra Constitución ha recibido la friolera de 650 cambios de 1917 para acá. Si esos cambios fueran considerados como “Transformaciones”, habríamos tenido la misma cantidad de ellas en ese periodo. Pero no, no es así. Solo han sido modificaciones que acomodan a cada Presidente en turno para hacer lo que desee durante su gestión. Si un órgano no le gusta: que se quite; si las facultades de otro son muchas y no conviene: que se reduzcan; si hay que crear mas facultades al Presidente: hágase como dice el señor. Y no importa si el Congreso esta dividido, o no tiene mayoría, o la carabina de Ambrosio, siempre terminan modificando la Ley Fundamental a su gusto.

Con tan prodigas bendiciones que nos han dado los Diputados y Senadores del Congreso de la Unión; las Legislaturas de las entidades federativas (perdonaran que no les llame Estados libres y Soberanos, pues nunca han sido ni lo uno, ni lo otro) y los Presidentes que han pasado como titulares del Ejecutivo durante ese lapso, los cambios han sido tantos, que del espíritu del Constituyente del 17’ y los mandatos del Soberano (léase pueblo) no queda prácticamente nada.

En ese contexto, es imposible pretender una transformación nacional verdadera, desde Palacio Nacional y San Lázaro, porque termina siendo igual de ilegitima que todas las reformas que se le han hecho a la Constitución Política desde su nacimiento. Y conste que las reformas no se tachan de ilegales, sino de ilegitimas. La diferencia entre legalidad y legitimidad de las reformas constitucionales, es que siendo apegadas a la ley, fueron realizadas a espaldas del pueblo y sin obtener su consenso.

“No hay cuarta transformación, sin nueva Constitución”

Un ejemplo donde la Constitución fuera su casa, querido lector, quizás ilustre; es adecuado porque para la nación, su Constitución, es el soporte estructural de su morada y contiene el diseño de ingeniería política que desea, al igual que su propia casa. 

Entonces: usted (nación) es dueño de un terreno (territorio) donde desea edificar su morada. Así que contrata al arquitecto (Asamblea Constituyente originaria) para que le diseñe el proyecto ejecutivo de la obra (Constitución Política de un Estado); quien desde luego le preguntará a usted sobre los detalles relativos, como numero de habitaciones, diseño de espacios, baños, cochera, jardín; en fin, todo lo que usted desea que tenga. Seguro le presentará dos o tres proyectos para que elija el que mejor acomode a sus necesidades y después, aprobado el proyecto, se inicia la obra; momento en el que le agradece al arquitecto su trabajo (se disuelve la Asamblea Constituyente originaria) y contrata a quienes la construirán (Poderes Constituidos –Ejecutivo, Legislativo y Judicial- que emanan de la propia Constitución).

Vista la casa en pie, usted (nación) que no puede por si mismo debido a sus ocupaciones, darle mantenimiento y seguir desarrollando etapas progresivas que le demanda la obra, emplea personas para que hagan estas tareas de mantenimiento y la construcción no se deteriore, sino por el contrario, mejore su eficiencia. Pero resulta que en el contrato, con letras chiquitas, como suele ocurrir cuando se quiere ocultar lo que no conviene del todo a una de las partes, se estipulaba que sus empleados pueden hacer cambios al diseño y funcionalidad de su casa sin su consentimiento; eso si, siempre que estén de acuerdo el administrador, el ama de llaves y el jefe de mantenimiento (el Congreso de la Unión, Las legislaturas de las entidades federativas y el Presidente, mediante su facultad de veto).

De modo que cuando usted regresa del trabajo, o de un viaje, encuentra su casa remodelada: redujeron la cochera para construir una alberca, ampliaron la recamara principal y le pusieron un vestidor al baño de esa habitación; cambiaron los pisos del segundo nivel e hicieron un cuarto de servicio; ah…y cambiaron los colores de la fachada. (reformas constitucionales).

Mas allá de que los cambios fueran de su agrado o no, lo cierto es que no le preguntaron al respecto y usted, siendo el dueño de la propiedad (soberano) se indigna. Entonces reclama porque muchos de los cambios son superfluos y encarecerán el mantenimiento de la residencia, amen de que no tiene suficiente dinero para pagar las necesidades que generan esas modificaciones; y lo peor, todo lo hicieron con su dinero, que se supone se usaría para dar mantenimiento al proyecto original.

Bien, pues imagine que le hicieron 650 cambios al proyecto original. Es obvio que de la casa que usted quería disfrutar no queda mas que el sueño. El día de hoy se pierde dentro de ella, ni siquiera la conoce; le reforman la obra tantas veces y tan rápidamente, que apenas se esta acomodando a las anteriores modificaciones, cuando ya le volvieron a hacer cambios a su residencia. Ha quedado al final una obra que combina todos los estilos arquitectónicos y materiales; digna del mejor diseño de Kafka; un cuadro surrealista, que igual tiene áreas progresistas y modernas de moda actual, como conserva viejas estructuras de adobe. Imposible vivir ahí.

Esa es nuestra Constitución Política actual.

Quieren cuarta transformación? Entonces dejen de seguir poniendo parches al Estado (casa) en su Constitución. Derribemos la obra completa y volvamos a empezar con un diseño de nación coherente; acorde a nuestras necesidades y deseos de vida y felicidad; que construya una superestructura útil para quienes vivimos en el país, no para sus gobernantes, a fin de que podamos, algún día, disfrutar de nuestra propia casa. Ah…y claro, quitemos las letras chiquitas del contrato; en lo sucesivo, ninguna reforma constitucional sin el consentimiento expreso del legitimo dueño del país, el Soberano, es decir, el pueblo.

Por eso creo que: “No hay cuarta transformación, sin nueva Constitución”.

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