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Nada nuevo bajo el Sol: Doblegar el odio
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Nada nuevo bajo el Sol: Doblegar el odio

Ricardo Maldonado: Historiador

por LaVerdad

Nada nuevo bajo el Sol: Doblegar el odio

Nada nuevo bajo el Sol: Doblegar el odio

En 2016 muchas personas no daban crédito al triunfo electoral de Donal Trump: 60 millones de estadounidenses eligieron a un candidato con actitudes racistas, xenófobas y misóginas. El contexto que favoreció a Trump es complejo, pero ha sido una constante el asombro de los sectores liberales ante la composición de su propia sociedad: ¿cómo es posible que el racismo siga vivo en pleno siglo XXI?, ¿por qué hubo gente que se manifestó en contra de los derechos de migrantes que son familiares, amigos y compañeros de trabajo? ¿Por qué en un país que vitoreaba a un presidente afroamericano, ahora escala el supremacismo blanco? No fueron extraños quienes eligieron a Trump, fueron sus propios connacionales.

El pasado 15 de julio me invadió la misma perplejidad ante la respuesta pública al rechazo del matrimonio igualitario por parte del Congreso de Yucatán. Aunque la indignación, la reflexión, la protesta, fueron inmediatas, simultáneamente aparecieron mensajes en las redes sociales cargados de desconocimiento, mitos, ira y odio contra los colectivos LGBTI. Hay quienes no ven la necesidad de extender la figura del matrimonio a todas las parejas, desestiman y satirizan la causa. También hay quienes abogan por conservar la palabra “matrimonio” para uso exclusivo de las parejas heterosexuales porque piensan que es una figura inmutable. Otras personas atribuyen a las parejas homosexuales una influencia perniciosa, las representan como una amenaza a la “célula básica” de la sociedad, los valores y la infancia. No se dan cuenta de que estos supuestos ofenden profundamente la dignidad de todas las personas homosexuales. 

Tampoco faltan los argumentos biologicistas que perpetuán la idea de que la heterosexualidad es “natural” y la homosexualidad “antinatural”, no se diga de la trangeneridad, la transexualidad o la intersexualidad. El odio embiste las manifestaciones sexogenéricas que transgreden la “normalidad”: el travestismo, la reasignación de sexo, la libertad de mostrar partes del cuerpo o de expresar afecto públicamente. Algunas personas condenan (a veces con bendiciones), maldicen, insultan, humillan, amenazan de muerte, desean toda clase de castigos y sufrimiento, pero no a extraños, sino a familiares, vecinos, amigos y compañeros de trabajo. Hay personas invirtiendo tiempo, dinero y esfuerzo para negar derechos a otras.

Esta es nuestra sociedad, productora y reproductora de la discriminación. Es precisamente este odio cotidiano, socialmente legitimado, el que ha llevado a los colectivos LGBTI a organizarse y exigir derechos, muchas veces dando la primera batalla en el seno de sus familias. Me queda claro, después del 15 de julio, que la tarea de doblegar el odio aún no termina y que confluye en las causas por las que es urgente que en Yucatán se proteja a todas las familias, al margen de su orientación sexual o identidad de género.

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