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Nada nuevo bajo el Sol: Disculparse con la infancia
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Nada nuevo bajo el Sol: Disculparse con la infancia

Ricardo Maldonado Arroyo
 

por LaVerdad

Nada nuevo bajo el Sol: Disculparse con la infancia

Nada nuevo bajo el Sol: Disculparse con la infancia

Entre las decisiones tomadas recientemente por el Gobierno Federal, fue un gran acierto ofrecer disculpas a Lydia Cacho, quien en 2005 denunció una red de pornografía infantil en México a través de su libro, “Los demonios del Edén”. Dicha publicación le valió persecución, detención arbitraria y tortura, ordenadas por los poderosos empresarios Kamel Nacif y Jean Succar Kuri, así como el entonces gobernador de Puebla, Mario Marín.

Tras 14 años de intensa batalla jurídica, en la que hasta la Suprema Corte de Justicia subestimó el caso, Lydia Cacho logró que el Comité de Derechos Humanos de la ONU resolviera a su favor, llamando al Estado mexicano a reconocer su responsabilidad y resarcir el daño. Por ello, el pasado 10 de enero, Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración, ofreció una disculpa pública en nombre del gobierno mexicano.

Después de la ceremonia, Lydia Cacho concedió una entrevista a W Radio en la que, haciendo a un lado el protagonismo, dirigió los reflectores a las víctimas de explotación sexual infantil. Una disculpa del Estado mexicano es relevante, pero lo es aún más demostrar la voluntad de erradicar dicho delito. Las estimaciones más conservadoras señalan que en México existen 16,000 menores sometidos a esclavitud sexual, mientras que en otras la cifra asciende a 70,000, la mayoría explotados en fronteras y centros turísticos.

Los casos que documentó Lydia Cacho no han proscrito, por lo que reiteró la necesidad de condenar a todos los involucrados, además de frenar las amenazas a las jóvenes que testificaron. Si bien Succar Kuri fue condenado en 2011 a 112 años de prisión y en 2018 detuvieron a elementos policiacos directamente involucrados en la tortura de la periodista, continúan libres Kamel Nacif, Mario Marín y aquellas autoridades que corrompieron la impartición de justicia.

Paralelamente, Lydia Cacho resaltó avances en el combate a la explotación sexual infantil. Ahora se reconoce la existencia del fenómeno, tanto de la trata como de la pornografía infantil, y se multiplican las denuncias contra pederastas; se han creado instancias para atender a niñas y niños víctimas de explotación sexual, las procuradurías y ministerios públicos cuentan con personal comprometido que actúa individualmente, aunque las instituciones desatiendan el problema y, por supuesto, para visibilizarlo ha sido fundamental el papel de activistas y periodistas especializados en derechos humanos.

Con sus palabras y ejemplo, Lydia Cacho mantiene la exigencia inquebrantable de que el Gobierno Federal asuma la protección de la niñez, periodistas y defensores de derechos humanos. El Estado mexicano no solo debe una disculpa a niñas y niños que han caído en las redes de trata, les debe justicia y la restitución de su dignidad.

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