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La suerte está echada: Mendicidad, problema que se multiplica
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La suerte está echada: Mendicidad, problema que se multiplica

Carlos Ciau

por La Verdad

La suerte está echada: Mendicidad, problema que se multiplica

La suerte está echada: Mendicidad, problema que se multiplica

La mendicidad es uno de los principales lunares del Centro Histórico, el cual ha crecido sin que diversas autoridades hagan algo por solucionarlo, debido a que más tardan en retirarlos de las calles en que retornan.

Son de diversas edades, principalmente de la tercera edad, quienes son presuntamente explotados por sus propios familiares, quienes los llevan a primera hora, los van a ver al mediodía, para llevarles de comer y regresan a buscarlos ya cuando empieza a caer la noche, pero en cada ocasión retiran lo recaudado.

Los cruceros más codiciados por los mendigos están sobre las calles 60, 62 y 65, donde desde temprano hay buena cantidad esperando el paso de sus “marchantes”, como ya conocen a quienes a diario les pasan a dejar su “gastada”, e incluso comida y ropa y los conocen de años, volviéndose sus benefactores.

Pedir caridad se ha convertido en un negocio redituable, pues logran embolsarse hasta 500 pesos diarios. Discapacitados, accidentados, niños de brazos, cualquier situación que provoque pena o compasión de las más de 400 mil personas que tocan el centro de la ciudad a todas horas en tránsito a su trabajo o escuela, o para realizar cualquier diligencia.

En las mañanas es común verlos en el atrio de la Catedral, para aprovechar el paso de quienes van a misa. Luego del mediodía, quienes pueden desplazarse se trasladan a las cantinas para pedir una moneda a quienes acuden a esos lugares a beber. Después de las 3 de la tarde retornan a sus esquinas para continuar con su jornada.

Hay varios que han sido llevados a albergues o asilos, pero la costumbre de estar en la calle y sentir el dinero en la bolsa hacen que no duren ni tres días en los centros de apoyo.

Hay quienes aseguran, orgullosos, que de esa actividad han crecido a sus hijos y que les dejó de dar pena mendigar desde hace tiempo. Los más ancianos dicen que así se sienten útiles y no dar lata a sus hijos, sin conocer que por ley estos están obligados a proporcionarles el sustento por ley.

También hay al menos una decena de gente joven con alguna discapacidad mental, que fue abandonada por sus familiares y no encontraron como volver a casa, durmiendo en los parques y en la Plaza Principal, sobreviviendo de lo que les regala la gente.

No hay un rescate integral, y con la llegada de mendigos foráneos, principalmente de Chiapas y Oaxaca, el problema se recrudece.

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