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La suerte está echada: A ver que trae la marea
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La suerte está echada: A ver que trae la marea

Carlos Ciau

Colaborador de La Verdad

por LaVerdad

La suerte está echada: A ver que trae la marea

La suerte está echada: A ver que trae la marea

Han sido semanas convulsas. Ayer fue un día devastador para la famosa Cuarta Transformación con la renuncia de Carlos Urzúa a la Secretaría de Hacienda y la del zar Antisecuestros de la Seido.

La mayoría de los yucatecos, alejada del Centro, dirá, ¿y?, pero el asunto es de suma gravedad, debido a que en estas tierras del Mayab todavía no pasa nada, con todas las secretarías estatales y municipales sin ver claro, al menos para la raza común.

Una interrogante común es la de la supercientíficaespecialista del peinado horrible, Michelle Fridman, quien ya habría desaparecido el Puerto de Progreso, el principal de carga del llamado sureste del país, y comenzado su hitleriano proyecto de tumbarlo.

¿La sapiente experta sabrá de todos paradores turísticos que se están cayendo en todo el estado? ¿De los artesanos que se mueren de hambre por falta de apoyos mientras ella se compra vestimenta cara y “fashion”?. Triste realidad.

Solamente ayer trascendió que se irán cientos de artesanos por obra y arte de magia, en una Séptima Maravilla que nadie se había atrevido a tocar en ese aspecto durante 10 administraciones, o más? Las únicas dudas son: ¿Llegó la franquicia que ostenta la enorme IP? ¿Cortaron el negocio a la ahora oposición?

Chichén Itzá siempre ha sido un pantagruélico negocio de 500 millones de dólares al  año, del cual solamente, dicen, el 2 por ciento, va al municipio que la alberga, Pisté, que está siempre dado al catre y ha sido una caja chica de todos los poderosos, en turno.

Decenas de miles de paseantes provenientes, principalmente de Cancún y la Riviera Maya, llegan cada año para conocer una cultura milenaria por su peso específico en la historia de la humanidad, en contraparte con la importancia que Fridman y compañía le dan: la de únicamente generar dinero, continuando con la tradición de que llego, tomo lo que hay y me voy, sin hacer algo por mejorar dicha zona arqueológica, la cual cada día queda a paso veloz con el otro adjetivo que se le conoce: ruina.

Instalaciones en mal estado, una romería de comerciantes que acosan a los turistas, en lugar de tener un lugar digno para ofrecer sus artesanías; ¿dónde acabaron las promesas de varias administraciones de dignificar a Chichén Itzá? Tal vez después del “renacimiento” del puerto de Progreso.

A manera de colofón: la CFE, sí, una auténtica ruina, y no precisamente de clase mundial, sigue acaparando quejas, mentadas y toda clase de vituperios, muy merecidos según gran parte de los yucatecos. ¿Será que Manuel Bartlett, un político de la prehistoria, adoptó en su ADN la cultura de los apagones, ya no solo electorales?

En fin. Esperemos mañana, a ver que trae la marea.

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