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La columna maldita: Manías retratadas en Facebook

Ricardo Pat es un talentoso periodista con más de dos décadas enseñándonos de cultura y de portes, además de gran caricaturista y… quizás, mejor rockero. Difícil decisión.

por LaVerdad

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Todos podemos opinar, de eso se trata la red. En tu muro de Facebook eres el rey: decides a quién aceptas o eliminas de tu dominio, publicas lo que quieres, controlas el derecho de admisión, manejas los ritmos, y aprovechas las ‘ofertas de temporada’ que constantemente existen… aunque afirmes puras estupideces.

Ahora está de moda hablar mal de grandes personalidades para convertirte en el centro de atención por unos días. No importa que se trate de un músico, escritor, artista, deportista. Lo importante es que sea realmente importante para que tus ‘afirmaciones’ (mayoritariamente sin sentido o con pobreza argumental) logren un impacto y armen una polémica que convenientemente se desarrollará en tu muro.

Afirmar que determinados autores están sobrevalorados basándote, más que en hechos, en tu afán de protagonismo, es equivalente a lo que hacían los nazis cuando quemaban libros. Es más valido y constructivo señalar que dichas afirmaciones las realizas a título personal, basadas en tales o cuales detalles. Pero bueno, ¿a quién le importa eso? La mayoría apuestan por la popularidad.

Otra opción actual es sobrecargar nuestros adjetivos acerca de las cosas que nos gustan, exagerando sus virtudes o defectos. Qué excelente sería que diéramos calificativos más reales en nuestras expresiones… pero eso no es cool. La cosa es convertirnos en ‘x’la influencers’ del Facebook para, cuando lo dominemos, pasar a Twitter, Instagram y los que salgan.

La última y más atractiva opción en Facebook es que puedes limpiar tu imagen publicando cosas muy distintas a las que realmente te definen como persona. Por ejemplo, compartir todos los días mensajes de unión familiar, religiosas o de superación personal, integración, paz, tolerancia, fe… aunque seas un acosador sexual y abusador de mujeres (o de personas, en general).

Hay muchas más pero, la verdad, ya me dio flojera explicarlas.

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