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LA EPIFANÍA DEL SEÑOR: “Vino nuevo, vida nueva”
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LA EPIFANÍA DEL SEÑOR: “Vino nuevo, vida nueva”

Emilio Carlos Berlie

por LaVerdad

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR: “Vino nuevo, vida nueva”

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR: “Vino nuevo, vida nueva”

Iniciamos lo que se conoce como “Tiempo Ordinario” en el que usamos los ornamentos litúrgicos de color verde. Se interrumpe durante la Cuaresma y el tiempo Pascual hasta Pentecostés, bastarán alrededor de 33 semanas que así se denominan en el lenguaje litúrgico. 

La Iglesia nuestra Madre y Maestra quiere con todo ello educarnos para una visión clara y coherente de lo que es el tiempo. Don de Dios al servicio de sus designios porque nos ofrece la maravillosa oportunidad de madurar en el amor, de fraguar nuestras decisiones que nos conducen hacia Él, de llevar a cabo nuestros buenos propósitos que hacen que los dones de su gracia -por nuestra colaboración-, se conviertan en méritos para la vida eterna.

Cada día y cada año es una etapa en la obra de Dios y en cada etapa Dios nos bendice, santifica y conduce hacia Él.

El primero de los signos. San Juan dice: “Así en Caná de Galilea dio Jesús comienzo a sus señales, y manifestó su gloria” (Jn 2, 11). Este texto parece querernos decir que este signo será como “arquetipo” de todos los sucesivos. La revelación de Cristo se lleva a cabo a través de una multiplicidad de signos, que el evangelista invita a comprender y leer con fe. Comprendemos así que el espíritu suscita los acontecimientos y guía la pluma del apóstol que los va narrando.

Se nos describe un banquete de bodas, “tres días después” son elementos que nos recuerdan la imagen del banquete mesiánico, en una clara dimensión pascual, con la connotación de que Cristo resucita al “tercer día”; para la realización de la salvación y así la imagen vendrá sustituida por la realidad.

Los elementos de la realización. El agua cambiada en vino expresa el pasaje del signo del agua presente en todo el Antiguo Testamento. El nuevo signo del vino es Cristo, que dice de ser la verdadera “vid” y afirma para los que lo escuchan: “El que crea en mí no tendrá más sed” (Jn 6, 33).

Cristo con este signo clarifica nuestra fe: “manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en Él” (v. 11). ¿Qué es la gloria? Es su identidad de Mesías que lleva a plenitud de realización el Reino Mesiánico. En él ha llegado el tiempo en el cual los pueblos verán la justicia de Dios, celebrarán el banquete de bodas mesiánico, en donde será servido el vino de la infinita abundancia, para inaugurar esa vida nueva y definitiva en la que participarán todas las comunidades.

Las seis tinajas son un símbolo de la sobreabundancia de las promesas de Dios y de su realización, que en ese número se relacionan con los seis días de trabajo, sacrificios y purificación que comporta la vida ordinaria de cada persona en su semana laboral, y que refleja los días de la creación, para culminar así en el séptimo día.

Con el banquete en el que se degusta el vino sobreabundante y exquisito. Un vino nuevo ya profetizado por Jeremías (31, 12-14). La sorpresa del vino mejor servido al final es para indicar el estupor de la persona delante del Reino que supera toda expectativa.

En la fe de los discípulos hay un reto para nosotros, creer es iniciar con seriedad un camino de conversión y cambio de vida. Pasar del agua al vino, y al vino mejor; es decir, de la muerte a la Resurrección, de la carne al Espíritu, de las tinieblas a la luz. 

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