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LA EPIFANÍA DEL SEÑOR: El bautismo del señor
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LA EPIFANÍA DEL SEÑOR: El bautismo del señor

Emilio Carlos Berlie

por LaVerdad

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR: El bautismo del señor

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR: El bautismo del señor

La fiesta de hoy nos da la oportunidad de observar cómo los acontecimientos de la vida de Jesús ilustran y guían el camino que los cristianos tenemos que recorrer.

Es bello constatar que los cuatro evangelistas nos hablan del Bautismo de Jesús como un acto previo a su vida pública; así como para nosotros cuando nos bautizamos señala el inicio de nuestra nueva vida cristiana.

Los elementos simbólicos de la narración.Detengámonos un instante a mirar algunos detalles del testimonio que las Escrituras nos dan del Bautismo del Señor. Los evangelistas que transmiten el hecho del sacramento de Jesús coinciden:

a) En colocarlo al inicio de su vida pública.

b) Y que hubo algo extraordinario que se resumen en tres fases:

1. Se abrió el cielo 

2. Bajó sobre Él el Espíritu Santo en forma de paloma;

3. Vino una voz del cielo: “Tu eres mi Hijo, el predilecto, en ti me complazco” (Lc. 3.21).

La expresión “se abrió el cielo” significa una especie de unión del cielo con la tierra, como revelación celestial. Los cielos se abren, como una tela que se desgarra, signo de la intervención de Dios, que quiere realizar sus promesas a través del envío del Espíritu Santo.

Cuando el Espíritu Santo desciende en forma de paloma que se posa sobre Jesús, la voz que se escucha desde el cielo que señala a Jesús como “mi Hijo” es una clara expresión de la revelación sensible del misterio de la Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. En el bautismo de Jesús se hacen presentes los tres en forma sensible.

Con este estupendo prólogo comienza el libro de la Consolación Is. 40-55. Ha sonado la hora del perdón y de liberación para el pueblo. El Reino mesiánico de paz-salvación-justicia se instala ya en el pueblo de Dios.

Con respecto a la segunda lectura, el Padre ha realizado todo por medio de su Hijo Jesús, a través de un bautismo de regeneración y a través de la renovación en el Espíritu Santo (Tito, 3,5).

Nuestro Bautismo. San Mateo y San Marcos nos narran al final de sus evangelios respectivos, que Jesús envió a sus apóstoles a todo el mundo a “bautizar” y que éste debe ser: “en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”; San Marcos añade: “El que crea y sea bautizado se salvará, el que no crea se condenará”, para recalcar la importancia que da Jesús al Bautismo.

Jesús nos trae el evangelio, la “Buena nueva”, que consiste en que Dios quiere comunicarnos su vida, vida divina, y quiere ser un Padre para con nosotros, y la forma sensible que tenemos para iniciarla es la recepción del Bautismo.

Dios quiere ser Padre para con todos, pero la comunicación de su vida depende de la aceptación libre y voluntaria de cada uno. Para darnos el don de la vida, no nos pidió Dios permiso, pero sí para comunicarnos la vida divina.

¿Y por qué bautizamos a los niños? Porque, así como los papás dan la vida, el nombre, el apellido y la nacionalidad a sus hijos, y este es un derecho natural, así también le ofrecen lo mejor que tienen en el orden sobrenatural que es su fe.

Además, ello no limita la libertad de la persona, pues cuando crezca podrá elegir su opción, aceptando o rechazando la fe transmitida responsablemente por parte de sus papás, cumpliendo así su deber

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