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Jugando a la autonomía

por La Verdad

Bernardo Flores / Director semiautónomo de contenidos y dependiente de los productos editoriales @bfheymann .- Jugando a la autonomía La hora llegó y todos están expectantes: lo hicieron, por fin. Se ‘amacharon’ y le dijeron a sus padres que no estaban de acuerdo con sus reglas, que no quieren que se sigan metiendo en sus vidas y que ya es hora que respeten su autonomía. Los padres, pacientes como suelen serlo, aceptaban de buena mano los reclamos de los jóvenes. Sí, aportan dinero a la casa, pero ya quieren ver cómo viven con ese dinero libre que les queda y que a regañadientes entregan. Es sólo una etapa, se le pasará dice la madre, como buena madre, siempre ha sido un buen muchacho, no nos hará daño. Pero entre tantos dimes, por fin se armaron de valor, alzaron la voz, gritaron a los cuatro vientos que sí, ahora sí, nada podría detenerlos para hacer lo que siempre que quisieron ser, para formar lo que nunce les permitieron, para construirse. Entonces, valientes como ellos, agarraron sus cosas, cerraron las puertas y votaron por ser soberanos... viviendo en casa de sus papás. Dividieron la casa, alborotaron a las gallinas y se sienten valientes. Fuertes. Y es que tienen todo para sentirse así, recibieron apoyo, aplausos e inspiraron a otros pequeños rebeldes a tomar el mismos camino: el primo italiano ya dijo que también quiere ser libre. Los raros esos que hablan como inglés en el norte de Inglaterra se envalentonaron, los corsos que no se sienten galos y, del otro lado del mundo, los antiguos esclavos, los pisoteados los ignorados, tomaron fuerza para preguntar por la independencia de Yucatán. Y si sí, ¿qué más da? Ahora viven bajo el mismo techo de sus padres, pese a insultos y molestias, con todo y advertencias. Papá aún le da de comer. Y es que como no. “Tus hijos te podrán tratar mal y como padre los alejarás, pero aún en la distancia, será tu padre”, me dijo el mío después de varios años sin hablarnos. Un deseo sobrado de independencia no está mal y hasta se antoja. Pregúntele a los esposos, a las mujeres y a los hijos y roomies. Pero ser libre y soberano tiene muchas aristas que solo se muestran cuando uno tiene tiempo de pensar “y ahora qué hago”. Papá abusó, tal vez, pero a veces que tener poquita mano dura. Ya empezó la fuga de capital y cuando papá corta el flujo hay de dos, hacer las cosas bien y hacerlas no tan bien.

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