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Homilía: X Domingo del tiempo ordinario
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Homilía: X Domingo del tiempo ordinario

Emilio Carlos Berlie Belaunzarán

por LaVerdad

Homilía: X Domingo del tiempo ordinario

Homilía: X Domingo del tiempo ordinario

El trozo del Evangelio de hoy ofrece un excelente ejemplo de cómo fueron naciendo los Evangelios, que provenían de los recuerdos y vivencias, personales y comunitarios, de lo dicho y hecho por Jesús el Señor, y puestos en conjunto según un orden cronológico (del que efectivamente fueron dichos, pronunciados o realizados; y más frecuentemente por asociación de ideas o temas).

Reflejan la predicación oral de los apóstoles, que, al proclamar y transmitir la fe en Jesucristo, con objeto de formar e instruir a las comunidades nacientes, adaptan su predicación a las circunstancias del momento.

Los Evangelios tienen como objeto alimentar la fe de los creyentes, y aunque no lo tenían como principal objetivo, nos ofrecen, además, -bajo la acción del Espíritu- una historia de Jesús, que es más viva y convincente en cuanto que no se preocupa por un esquema estructural ni por los detalles.

La historia que deducimos de los Evangelios es verdadera y tiene un sentido mucho más profundo que cualquier otra historia profana. Ha sido escrita bajo la acción y conducción del Espíritu Santo, que no solo conoce los secretos de Dios (1 Cor 2, 11), sino también los secretos de los hombres y de la historia.

Hay en este Evangelio tres tradiciones orales puestas juntas:

a)Algunos parientes que quieren disuadir a Jesús en su ministerio (v. 20. 21)

b)La acusación de vincularse con Satanás y las palabras de Jesús acerca del encuentro entre el fuerte y el más fuerte (v. 22-30)

c)Los verdaderos parientes de Jesús (v. 31-35)

La elección en que debemos fijarnos especialmente nos la orienta la liturgia de hoy con la primera lectura y con el salmo responsorial. Ha orientado nuestra reflexión a la parte central del Evangelio de hoy que es el sufrimiento entre dos reinos, de la lucha mortal y de la victoria del “más fuerte”.

Este anuncio es dramático porque nos conduce al centro mismo del más grande y universal drama de la humanidad que se llama el mal. El origen de este lo encontramos en la primera lectura.

El ser humano es una persona que vive en mucha incertidumbre y contradicción: está confundido en lo personal, confundido de percibirse desnudo.

Las palabras de Satanás –“conocerán el bien y el mal” (Gn 3, 5)- que en cierta manera tienen analogía con las palabras de Satanás en las tentaciones de Jesús. “Si eres Hijo de Dios, arrójate de la torre…” (Mt 4, 6) que en el fondo quiere decir “¡Desafía a Dios, ponlo a prueba!”. Desde entonces, el ser humano encuentra esa división entre dos reinos, esa división, esa fractura, esa solicitación. El no hace lo que quisiera, y hace lo que no quiere (Rm 7).

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