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Homilía: “Servir al prójimo, es amar a Dios”
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Homilía: “Servir al prójimo, es amar a Dios”

Emilio Carlos Berlie

por LaVerdad

Homilía: “Servir al prójimo, es amar a Dios”

Homilía: “Servir al prójimo, es amar a Dios”

“¡Señor no me abandones, no te me alejes Dios mío!” (Sal 37.32) Es así como iniciamos la santa Misa con la Antífona de la entrada tan consoladora. Pero bien sabemos que es uno, soy yo la persona humana la que decide acercarse o alejarse de Dios. Lo único que nos acerca a Dios es el amor, que encuentra su visibilidad y certificación en el amor al prójimo. Esto nos conduce al reconocimiento de Jesús como nuestro Redentor y Salvador, así como su invitación a seguirlo e imitarlo.

La liturgia de hoy se concentra en aquello que constituye el fundamento del “pueblo de Dios”. En el corazón de Israel estaban el templo y los sacrificios, que debieran ser siempre signo de la obediencia a los mandamientos cuya cima es: “Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas sus fuerzas” (Ex 20). En Cristo somos injertados al único pueblo de Dios.

Solo el amor forja la unidad.

“Escucha Israel, que el Señor nuestro Dios es Uno” (Dt 6,4). Este Dios Uno es esencial en Israel, rodeado de pueblos paganos y politeístas, por ello su testimonio es esencial: ¡Dios es Uno! Y debe testimoniarlo. De hecho, los Israelitas en su canto tan bello de alabanza el “Shema” para testimoniar que un solo Dios es Creador, Elector y Liberador por tanto el Redentor de su pueblo. El amor a Dios se dice en Israel que además de: “con todo tu corazón, con toda tu alma, y con todas tus fuerzas” debe ser “con todos tus bienes”. Así será alabado ese Dios Uno, integralmente por la persona humana.

Amor y sacrificio

Los Escribas estaban de acuerdo con Jesús en que el amor a Dios se proyecta y manifiesta en el compromiso al servicio del prójimo. En cambio, para los Saduceos el amor a Dios se manifiesta en el culto y los sacrificios.

Los Fariseos aprendieron en el exilio de Babilonia, privados de su templo y del culto, que las obras de caridad eran medios eficaces de expiació0n tanto como los sacrificios, coincidiendo con la tradición de los Profetas y Jesús. (Am 5,21; Os 6,6; Mt 5,23 y 9,13). Los sacrificios en el templo son la expresión de una realidad que es el compromiso de servir al prójimo – vivido precedentemente.

El Nuevo Testamento no presenta jamás a Jesús ofreciendo un sacrificio en el templo. Y sabemos que la multiplicidad de sacrificios eran tan solo prefiguraciones del sacrificio único, perfecto y que tiene valor para siempre, que se realiza en la persona de Jesucristo: Víctima, ofrenda y sacrificio perfecto. (cfr 2ª. Lectura Heb. 7,23).

El amor como mandamiento

La expresión “Escucha Israel”, equivale a Obedecer. Y cuando Dios quiere ser amado: “… con todo tu corazón, toda tu alma, con toda tu mente y todas tus fuerzas” (Mc 12,30). Significa un amor total (Deum 6.6). Dios da siempre lo que nos pide. Cuando somos bautizados somos injertados en su muerte y resurrección, pero también en su amor. No nos dejemos llevar por las “dependencias” que son las nuevas idolatrías (1Cor 10,2-4). Para amar como Dios lo espera de nosotros, debemos confiar radicalmente en la gracia de Dios “Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (1Cor 15,19 ss).

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