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Homilía: “La confianza en la esperanza nos conduce en nuestro camino”

Homilía: “La confianza en la esperanza nos conduce en nuestro camino”

Emilio Carlos Berlie

Por La Verdad

09/12/2018 11:17

Los acontecimientos que fueron siglos antes anunciados y que estaban en el relicario de la profecía, se van haciendo realidad en el tiempo señalado por Dios. La esperanza que marcó la vida del pueblo de Israel por centenares de años se vuelve acontecimiento con la venida del Salvador.

Por eso hay que pasar del luto al gozo (Bar. 5,1), y la salvación se concretiza en una persona y en un tiempo que es Jesús (Lc. 3,1). Culminan así todos los grandes eventos que Dios ha realizado a favor de su pueblo y por ello Pablo invita a los que han recibido al Señor a que tengan cada vez más cuidado de permanecer fieles a Él y reconocer su grandeza (Fil. 1,9).

Los caminos de la esperanza

El domingo pasado escuchamos la insistente voz del profeta Jeremías, que exhorta al pueblo a comprender que Dios mantiene sus promesas; También observamos cómo Jesús llora sobre Jerusalén, al anunciar un castigo a la ciudad infiel.

Hoy, por nuestros oídos debe llegar hasta nuestro corazón la profecía de consolación de Baruc: “¡Ponte de pie Jerusalén, sube a la altura, levanta tus ojos y contempla a tus hijos reunidos…!”. Las palabras proféticas son una respuesta al grito esperanzado desde el exilio: ¡Israel regresará a poseer su tierra! Así entendemos que esperar no significa tan sólo apoyarse en Dios y confiar en el futuro, sino además, saber leer en los acontecimientos -como decía el Beato Juan XXIII- saber leer los signos de los tiempos reconociendo en ellos la Providencia misericordiosa de Dios que en el entramado de cada evento, lleva adelante el tejido y la dinámica de la historia de la Salvación.

Existe, además, una exigente recomendación: “Envuélvete en el manto de la justicia de Dios…” (Bar. 5), como para que recuerden que la esperanza no es real, sino cuando de hecho se vive virtuosamente y son rechazadas las infidelidades del pecado y la idolatría, para no sufrir la consecuencia de la pena y castigo al fallar en la alianza con Dios.

La Palabra que se injerta en la historia

Al dejarnos iluminar por el Evangelio de este domingo vemos que San Lucas enmarca con mucha precisión cronológica el arranque histórico de los tiempos mesiánicos profetizados desde la antigüedad.

Este encuadre histórico no es una restricción de espacio temporal para el cumplimiento de las promesas de salvación, sino que se abre a la acción de Dios a favor de todas las naciones: “Todos los hombres verán la salvación de Dios” (Lc. 3,6). A esto se añade que no basta el conocerlo y localizarlo en las coordenadas de espacio y tiempo, sino que hay que acogerlo, aceptarlo, y hacerlo vida en la propia existencia. Así, se ve que la acción de Dios no es ajena al acontecer diario en la vida de los hombres, sino que se compromete y camina con nosotros en la historia, al punto de hacer de esta historia nuestra, algo que también le pertenece, porque actúa en ella.

Camino hacia el día del Señor

A San Juan Bautista le correspondió el honor y la responsabilidad de anunciar el cumplimiento de las promesas de Dios y cuáles eran las disposiciones que las personas debían adoptar para recorrer el camino de la salvación.

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