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Gustavo Rodríguez Vega
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Homilía: “Gaudete et exsultate: Alégrense y regocíjense”

Gustavo Rodríguez Vega

por LaVerdad

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Muy queridos hermanos y hermanas, les saludo con el afecto de siempre y les deseo todo bien en el Señor resucitado, en este tercer domingo de Pascua. En días recientes fue publicada una nueva Exhortación Apostólica del Papa Francisco, la cual lleva por nombre “Gaudete et Exsultate”, título en latín como de costumbre que se puede traducir como “Alégrense y Regocíjense”, en la cual el Sumo Pontífice nos recuerda nuestra vocación a buscar y vivir la santidad y a reconocer la santidad que hay en el mundo.

Alegrarnos y regocijarnos por la resurrección de Cristo no tendría sentido si no nos alegráramos y regocijáramos a causa de nuestra propia resurrección. No se trata sólo de nuestra futura resurrección que esperamos al final de los tiempos sino de la diaria resurrección, de cada día que nos levantamos de nuestros pecados con arrepentimiento con el buen propósito de no caer y con la humildad de reconocernos siempre pecadores. Si afirmamos que la Iglesia es santa y pecadora, también cada buen cristiano lleva esa dualidad mientras está en este mundo, porque todos podemos ser santos y debemos buscar la santidad, aunque nadie se debe de creer santo ni con el derecho de juzgar a los demás (Cfr. Lc 18, 9-14).

A propósito de que todos podemos ser santos, dice el Papa Francisco en este documento: “Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales” (n. 14). Con esta última afirmación podemos asegurar que también los que nos gobiernan pueden ser santos. Todos los que tengamos alguna clase de autoridad igualmente hemos de ejercerla con la humildad de quien sirve a sus hermanos.

El Papa nos dice que ser santo es ser feliz, verdaderamente feliz, y nos muestra la guía de la santidad en la vivencia de las Bienaventuranzas predicadas por Jesús (Cfr. nn. 63 – 94):

  • - “Ser pobre en el corazón, esto es santidad.” 
  • - “Reaccionar con humilde mansedumbre, esto es santidad.”  
  • - “Saber llorar con los demás, esto es santidad.” 
  • - “Buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad.”
  • - “Mirar y actuar con misericordia, esto es santidad.” 
  • - “Mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, esto es santidad.”
  • - “Sembrar paz a nuestro alrededor, esto es santidad.”
  • - “Aceptar cada día el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas, esto es santidad.”
En seguida, en el mismo capítulo tercero, el Papa Francisco siguiendo el evangelio según san Mateo, nos recuerda la materia sobre la cual seremos juzgados por nuestro Señor Jesucristo. Y dice: “En el capítulo 25 del evangelio de Mateo (vv. 31-46), Jesús vuelve a detenerse en una de estas bienaventuranzas, la que declara felices a los misericordiosos. Si buscamos esa santidad que agrada a los ojos de Dios, en este texto hallamos precisamente un protocolo sobre el cual seremos juzgados.” (Cfr. nn. 95 al 109). Al dar de comer al hambriento, de beber al sediento, al visitar al preso y al enfermo, al vestir al desnudo y hospedar al forastero, es a Cristo a quien atendemos y eso nos santifica. Negar atención a los necesitados es negársela a Cristo, y eso nos condena.

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