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Homilía: Este es el día del triunfo del Señor Aleluya
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Homilía: Este es el día del triunfo del Señor Aleluya

Ki’imak óolal láake’ex ka t’aane’ex ich maaya: Aleluyal! Yuumtsil Jesús dso’ok u ka’a púut kuxtal. Lela’ leti’e’ Domingo taj nojoch ti’ tuláakal le ja'abá k ti’al to’onex oksa ólal Cristo, yeetel U ki’imak óol le kinbensaja’ ku máan cincuenta kiino’ob tak le ken k’uchuk Pentecostés. Balé leti’e’yáax waxak p’éel kiino’obo’ leti’e nojoch kinbensajo’obo’.

por Gustavo Rodríguez

Homilía: Este es el día del triunfo del Señor Aleluya

Homilía: Este es el día del triunfo del Señor Aleluya

¡Aleluya! Hermanos sacerdotes, hermanos y hermanas todos muy queridos, Jesucristo ha resucitado, y con este gozo les saludo con el afecto de siempre deseándoles todo bien en el Señor.

Hoy es el “Domingo” por excelencia, el más importante de todo el año para nosotros los cristianos.

Los próximos ocho días, hasta el domingo 19 de abril, celebraremos la Octava de Resurrección, dentro de la cual cada día se festeja con la misma solemnidad que el día de hoy.

Luego continuaremos hasta completar cincuenta días, el 31 de mayo, cerrando con la solemnidad de Pentecostés, al celebrar la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles.

Posteriormente, cada domingo será, como siempre, Día del Señor, y cada Eucaristía será, como siempre también, memorial de la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesús.

Este domingo nos encontramos celebrando nuestra fiesta de Pascua en el lugar más adecuado de Yucatán, que es el templo parroquial de Cristo Resucitado, por eso para sus sacerdotes y todos sus fieles, vaya una doble felicitación, ya que celebran su fiesta patronal.

La primera lectura de hoy está tomada del libro del los Hechos de los Apóstoles, texto que vamos a continuar leyendo día con día durante todo este Tiempo de Pascua.

Para los que no han leído la Sagrada Escritura, esta cuarentena es un tiempo de volver al Señor, y para hacerlo debidamente es muy importante conocer su Palabra.

Si ese es tu caso, comienza en primer lugar por leer el evangelio de san Lucas, y al terminarlo continúa con el libro de los Hechos de los Apóstoles, porque es una sola obra en dos partes y con el mismo autor.

En el evangelio de san Lucas encontrarán la vida de Jesús, desde antes de su nacimiento. En el libro de los Hechos encontrarán el nacimiento de la Iglesia y cómo se desarrolló durante los primeros treinta y cinco años, aproximadamente.

El libro de los Hechos de los Apóstoles es un libro abierto, en el sentido de que la vida de la Iglesia continúa desde entonces hasta nuestros días.

El protagonista de esta historia es el mismo de siempre: no es Pedro, ni Esteban, ni Felipe, ni Pablo, ni ninguno de los Apóstoles, sino que el protagonista de la vida de la Iglesia es el Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad, que va guiando a su Iglesia.

Es por eso que la Iglesia, a pesar de todos los errores, pecados, escándalos de sus ministros y de todos los cristianos, sigue adelante sin que nada ni nadie la destruya, ni de adentro, ni de afuera, porque se siguen cumpliendo las promesas de Cristo:

“Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16, 18), también la otra promesa cuando dijo: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 16-20).

En el pasaje de hoy escuchamos uno de los primeros testimonios de san Pedro sobre nuestro Señor Jesucristo, diciendo que durante su ministerio pasó haciendo el bien, sanando a los oprimidos por el diablo.

Dice Pedro que, al inicio de su ministerio, Dios ungió a Jesús con el poder del Espíritu Santo. De hecho, la palabra “cristo” viene del griego y significa “ungido”. Jesús fue ungido no por un hombre, y no con un simple aceite, sino por el Espíritu Santo.

Por eso unimos su nombre con su unción y le llamamos “Jesús-Cristo”, o también “Jesucristo”.

Tú como cristiano, fuiste ungido en el Bautismo también por el Espíritu Santo; el sacerdote o diácono fue sólo el ministro, el representante de Dios, y el crisma con el que te ungieron fue el signo sacramental que hizo presente al Espíritu.

Desde entonces eres otro Cristo.

En la Confirmación volviste a ser ungido para cumplir tu misión de cristiano. Y los sacerdotes volvemos a ser ungidos en nuestra ordenación.

Más adelante, san Pedro da testimonio de la muerte y resurrección de Cristo, y de la misión de los discípulos de “predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos”.

La herencia de ellos continúa en la Iglesia y ahora nos toca a nosotros dar ese mismo testimonio. Juntos lo hacemos al rezar el credo en la misa dominical, pero también lo realizamos en la vida diaria, cada uno desde su propia trinchera.

El salmo 117 hoy tiene pleno sentido, pues en verdad podemos afirmar que “Este es el día del triunfo del Señor. Aleluya”.

Hoy tenemos para escoger dos segundas lecturas.

Una es de la Primera Carta de san Pablo a los Corintios, en la cual el Apóstol nos invita a celebrar “la Fiesta de la Pascua, no con la antigua levadura, que es de vicio y maldad, sino con el pan sin levadura, que es de sinceridad y verdad” (1 Cor 5, 8).

Creo que la experiencia de esta pandemia nos ayuda realmente a volver a la sinceridad y a la verdad.

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La otra lectura posible es la de la Carta a los Colosenses, donde el Apóstol nos invita a que, en consecuencia de la resurrección de Cristo, “pongamos nuestro corazón en los bienes del cielo” (Col 3, 2).

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Del mismo modo, creo que esta pandemia nos está centrando en los bienes que realmente valen.

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