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Homilía: El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga
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Homilía: El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga

Gustavo Rodríguez 

por LaVerdad

Muy queridos hermanos y hermanas, les saludo con el afecto de siempre y les deseo todo bien en el Señor en este domingo vigésimo cuarto del Tiempo Ordinario, en esta fiesta nacional del día de nuestra Independencia.

El pasado jueves 13 de septiembre, más de veintidós mil jóvenes marcharon en la Ciudad de México evocando la marcha del silencio ocurrida cincuenta años atrás. Los jóvenes de hoy protestaron en silencio por todos los signos de violencia de la que son víctimas en las calles y aún dentro de sus mismas escuelas. No cabe duda que el despertar de los jóvenes a la conciencia ciudadana es un signo de los tiempos que debemos agradecer a Dios y acompañar e imitar en nuestros muchachos y muchachas.

El día de ayer, sábado 15 de septiembre, en la festividad de nuestra Señora de los Dolores, fue publicada la carta pastoral de un servidor con motivo del próximo “Congreso Eucarístico Nacional”, a celebrarse aquí en Mérida en septiembre del 2019. Todos los sacerdotes, diáconos y consagrados la recibieron ayer en un archivo electrónico. Ustedes la pueden encontrar en la página web oficial de nuestra Arquidiócesis: arquidiocesisdeyucatan.org.mx

Durante este año tendremos congresos eucarísticos parroquiales, decanatales y provincial, antes del nacional. Será pues un “Año Eucarístico” para nosotros. Nos corresponde ser anfitriones del congreso nacional que congregará a diez mil o más personas que vendrán de todos los rincones de México a fortalecer su fe y devoción eucarística, así como las obras de caridad, justicia y compromiso social, que deben brotar de la Eucaristía.

Hoy estamos celebrando el día de nuestra Independencia Nacional, en esta fecha que marca el inicio de la lucha armada, con la que se logró finalmente en 1821 la deseada independencia. Desde el punto de vista de la fe, recordemos que el grito de independencia sucedió en el pueblo de Dolores, que fue en un domingo igual que hoy y que el día anterior se tuvo la gran fiesta patronal de nuestra Señora de los Dolores. Esto era un buen presagio de que nuestra Madre, tan cercana a los dolores redentores de su Hijo Jesús, estaría igualmente cercana a la cruz de los mexicanos, especialmente de los más pobres.

En muchos lugares del mundo la fiesta de la Santa Cruz se celebra, no el 3 de mayo como lo hacemos aquí, sino el 14 de septiembre; por eso la fiesta de nuestra Señora de los Dolores está colocada el 15 de septiembre. Para ir más adelante en el marco religioso de nuestra Independencia, la convocatoria para esta lucha la hizo el cura de Dolores, el sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla, siendo la primera bandera mexicana que siguieron nuestros antepasados en la lucha por la independencia, el estandarte de la santísima Virgen de Guadalupe, lo cual la convierte en un verdadero símbolo patrio, además de una parte imborrable de nuestra cultura e idiosincrasia.

Providencialmente la Palabra de Dios hoy gira en torno a la cruz de nuestro Señor Jesucristo. La primera lectura tomada del Libro del Profeta Isaías, presenta la figura de un hombre injustamente torturado, que se ofrece voluntariamente al martirio, reconociendo en esto la voluntad de Dios. Igualmente Cristo se entregó al martirio que él mismo había profetizado. Isaías describe el martirio con las siguientes palabras: “Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos” (Is 50, 6). ¿Cómo pudo el profeta escribir con siglos de anticipación esta perfecta descripción de la pasión de Cristo, de la cual brinda más adelante otros pormenores proféticos? Luego el profeta continúa expresando que aquel hombre sufriente no perdía la confianza en el Señor que le hacía justicia.

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