Secciones
Homilía: “Cristo en la Cruz, faro de luz”
Influencers

Homilía: “Cristo en la Cruz, faro de luz”

Emilio Carlos Berlie

por LaVerdad

Homilía: “Cristo en la Cruz, faro de luz”

Homilía: “Cristo en la Cruz, faro de luz”

También la pregunta de Jesús suscitaría diversidad de reacciones en el mundo contemporáneo: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. Así se ha interpretado a lo largo de los siglos, un hombre que tiene una palabra para todos, un luchador a favor de la justicia, un portador de la paz, uno que promueve la solidaridad y fraternidad; fundador de una nueva religión.

La realidad es que la característica de Jesús es la Cruz. Aún para Pedro que quiere tanto a Jesús, que recibe el don del Espíritu de identificarlo, le cuesta trabajo comprender que, para realizar la misión de redención encomendada, pase a través de la cruz.

La Cruz como fuente de salvación

La cruz es la salvación de la humanidad. Se identifica con el sufrimiento sangre, sacrificio. Para los cristianos de ahora significa suplicio, martirio, muerte, y por ello se margina, esquiva o rechaza. Para la Iglesia primitiva era el lugar de la gloriosa manifestación de Dios: “en cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo por la cual el mundo es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo” (Gal 6,14).

El insiste que el anuncio del Evangelio: “Es predicar a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los gentiles, más para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios” (1 Cor 1,23). Jesús que fue tan discreto en aceptar reacciones por sus manifestaciones, acepta moribundo la confesión del centurión romano: “Este hombre verdaderamente era Hijo de Dios” (Mc 15,39).

Cuantas veces lo que hace sufrir no son tanto las contradicciones y dificultades que todos debemos a diario afrontar, sino la soledad, la sordera para con Dios y los hermanos, la suficiencia de nuestras capacidades, soberbia del poder y la riqueza. La Cruz en cambio nos vincula a la realidad, nos clava en la aceptación de uno mismo y de sus circunstancias significa morir a la soberbia, al orgullo, a la vanidad, al egoísmo, en una palabra, a todo aquello que empaña la relación con Dios, y fractura la relación de servicio y solidaridad fraterna con los demás. “El que quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará” (Mc 8,35).

“Morir para vivir”

El encuentro con Dios trae consigo una exigencia de dejar, abandonar, perder; para recuperarlo todo diversamente. Como la exigencia de fe a Abraham: “Vete de tu tierra y de tu patria…” (Gn 12, 1) “…y sacrifícame a tu hijo”. (Gn 22, 2).

Dios quiere que no tengamos miedo en sacrificar las cosas, en perderlas, en volverlas oblación y ofrenda las personas, los bienes, para recuperarlas en una óptica, y actitudes diversas. La Cruz me lleva a sacrificarlas, a vaciarme de mí mismo, a quitar de mi corazón ambigüedades y falsedad.

Jesús contrastó con las expectativas e ilusiones falsas acerca de su persona o de su amistad o de su familia. Además, se mostraba como Mesías, pero no traía consigo los cambios que se necesitan, y que por esperar a un Mesías como político, los desilusionara. Incluso Juan el Bautista pidió clarificación sobre su identidad. Por ellos Jesús afirma: “Y dichoso aquel que no halle escándalo en mí” (Mt 11,16).

Temas

Comentarios

Te puede interesar