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Chuc, chuc mientras llego por Adriana Chuc

por AdrianaChuc

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Se me acabó la despensa justo esta semana que decidí comer en casa para reducir gastos, así que me dirijo en modo express hacia el súper, no creo tardar. Ya saliendo rumbo al estacionamiento, entre las bolsas de compras y mi impresionante habilidad de encontrar mis llaves del auto en la mochila, ocurrió lo inevitable: choqué con un carrito de súper. No sabía si enojarme porque me atropellaron o disculparme por no estar pendiente de mi camino.

Levanté la mirada y vi a un señor empujando ese carrito, no era tan chavo como para tutearlo, pero tampoco tan abuelito como para hablarle de usted. Estaba un poco desarreglado y tenía una mirada muy cansada, me inundó la pesadez y se me hizo un nudo en la garganta al ver el reproche diario del sol en su piel. Me terminé disculpando.

Tal vez lo que vayan a leer a continuación no tenga mucho sentido ahora, pero les prometo que todo se acomodará en sus mentes al final.

Pertenecer a una minoría, en la generalidad, representa estar en desventaja. Desde las oportunidades laborales o educación, en materia de legislación y derechos, vaya, hasta para encontrar pareja, en muchos casos. Pero no me crean, esta afirmación es una completa mentira en otras ocasiones. Conocí a una chava que se embarazó a los 16, se salió de la prepa, pero volvió al año y hasta terminó la universidad. Hoy es toda una licenciada. También conocí a otra compañera en la secundaria, tenía que usar unos aparatos bien extraños alrededor de su cuerpo, tenía algo que ver con su postura y sus caderas. Nunca jugó con nosotras en clase de “educación física” y le costaba caminar al mismo paso que los demás en los desfiles, pero igual acabó la carrera y está trabajando. Ambas tienen algo en común, no se colgaron de su condición de ‘mujer’, “madre soltera adolescente” o “persona con discapacidad” para causar lástima. Su esfuerzo, dedicación y trabajo es lo que las hizo mujeres sobresalientes.

En la iglesia conocí a un señor que perdió parte de la mano, dice que se descuidó aprendiendo carpintería. No es un ingeniero porque no todos tienen las mismas oportunidades y “no a todos se nos da la estudiada” él dice, pero sigue realizando trabajos de albañilería e incluso carpintería. Seguramente tú también conoces a alguien cuya condición de “grupo vulnerable” no fue excusa para ser como cualquiera de nosotros. Por eso me enoja la gente que se aprovecha de su condición para obtener mayores beneficios. Ojo, estoy a favor de sus derechos y a que se nos exija que se respeten. Pero utilizar el argumento, por ejemplo, de ser homosexual para denunciar discriminación, cuando muchas veces la gente es grosera y maleducada seas heterosexual o no, es chantaje.

Insisto, cualquier tipo de explotación a la condición de minoría para tener la atención y conseguir lo que no podrían como todos los demás, con esfuerzo, trabajo y constancia, es un vil chantaje. No pude sacarme de la mente al señor atropellador de chicas distraídas, ¿dónde he visto esa mirada antes? Me subo al auto, giro la llave para encenderlo y ¡lo tengo! Ahora lo recuerdo todo. Es el mismo señor en silla de ruedas al que le di dinero durante un semáforo la semana pasada.

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