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El esoterismo en la posmodernidad

por La Verdad

Diario La Verdad Cancún, Q. Roo  Conozco gente que se define como bruja o brujo por los poderes extrasensoriales que tiene y presumen haber ‘atendido a personas de las altas esferas de poder’, santeros blancos que no degüellan animales –los oscuros me dan miedo– y gente que tiene una conexión con los ángeles y les susurran al oído. Alguna vez, por mera curiosidad y desesperación conocí en el místico Tepoztlán a una señora que hablaba con la mano derecha de un dios y que tenía el poder de curar el cáncer, sida y otras enfermedades crónico degenerativas que cobró una millonada para decirnos después de varios meses “que todo estaba bien como estaba... pero que el cáncer no había cedido”. Sin embargo, esta no es una triste historia porque ya tenemos encima la fiesta de las ánimas, nuestro Día de Muertos, Hanal Pixan, y Halloween en las mismas fechas y se presta para hablar del esoterismo, las fuerzas ocultas que gobiernan en el mundo, el poder de las energías y la fuerza de decretar las cosas. He aplicado todas las anteriores. El esoterismo incluye lo que está oculto a la vista o es difícil de entender. Ser judío, budista, católico, santero o gitano, todo tiene que ver con esa explicación: lo que no se ve, se toca y la ciencia no explica. Lo interesante es que todas las personas creen en algún tipo de esoterismo. Y mezclamos las creencias para reforzar los pedidos, seguridad o decretos. Un sacerdote una vez dijo que la gente le pide a Cristo que los proteja, pero usan pulseras rojas para que no les hagan mal de ojo. Otra, budista de hueso colorado, está casado con alguien que habla con los ángeles. Un conocido, ateo, comparte su vida con una mujer que habla con seres ‘elevados’ que les han ayudado a tomar mejores decisiones... como vivir de esos mensajes. Me da pánico que alguien me hagan brujería aunque soy católico y cuento, según con toda la protección. Pero así, por curiosidad, he consultado charlatanes, místicos y esotéricos que al final me dan un halo de seguridad. Sin embargo, el momento más agradable de todas estas fechas, es la alegría de recibir a los muertos con los brazos abiertos, ofrecerles, aunque sea por instante, un pedazo de pan, su trago favorito y decirles, sin tener certeza de que nos escuchan, pero sabiendo que lo hacen, que todo está bien como está.   Bernardo Flores  Director de Contenidos y Productos Editoriales @bfheymann

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