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El consejo de la abuela tierra: Residencia terrícola
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El consejo de la abuela tierra: Residencia terrícola

Maritza Morales

por LaVerdad

El consejo de la abuela tierra: Residencia terrícola

El consejo de la abuela tierra: Residencia terrícola

La sonrisa de la luna que nos saluda desde el universo decorado de titilantes estrellas, es pocas veces admirada y escasamente observada a detalle desde el telescopio, ese instrumento que hace 408 años maravilló los ojos de Galileo Galilei e impactó en sus neuronas para contribuir con la revolución científica.

Es difícil concebir que ese astro, además de ser testigo de la evolución de los humanos, haya jugado un papel inspirador tan importante que influyera en el rumbo de la historia de la humanidad. Y es que el plateado satélite carente de luz propia ha infundido en los corazones del Homo sapiens desde tiempos inmemorables la intriga por descubrir más sobre la naturaleza.

Cuando un ser humano siembra en su existencia la conexión con la abuela Tierra, experimenta la misma energía que ha Galileo inspiró para descubrir y proponer. Los niños que aún se mantienen en contacto con las diferentes manifestaciones naturales como la lluvia, sembrar, proteger una mascota, cosechar sus alimentos o admirar a los insectos respetando la vida de esos seres de menor tamaño, son niños que desarrollan un sentido de valoración hacia la vida y una cultura de paz basada en valores. Por lo que no habría mayor acto inhumano que enajenar las mentes y la vida de los más jóvenes, distanciándolos de la naturaleza. Toda familia debería procurar la formación ambiental como algo vital en la salud mental y física de los niños.

Los tomadores de decisiones están muy activos en el campo de la educación, planteando nuevas estrategias para la formación pública de los mexicanos. Se ha anunciado que la cultura ambiental está considerada en el nuevo plan de estudios pero habrá que unir esfuerzos con los educadores y las organizaciones civiles; esos activistas que están al frente de la batalla, que llevan en sus manos la verdadera responsabilidad de educar y que hacen frente a las limitaciones y carencias que envuelven al complejo contexto de la educación pública.

Los seres humanos somos el único ser vivo capaz de expresar sentimientos, emociones y de dar vida a nuestra cultura. Somos un elemento más en la naturaleza, capaz de moldear nuestro entorno y protegerlo para el bien de todos los habitantes de este planeta azul. Sin excepción todo ser viviente es influenciado por la luna, y también por el aire, ese que no reconoce las fronteras políticas entre los países y en una enigmática alianza se convierte en cómplice de las migraciones aéreas de mariposas y aves. Otro elemento es el agua, que en su forma líquida fue bebido por los dinosaurios y continua visitando el interior de muchos otros terrícolas como los hongos, plantas y animales, quienes somos ahora los residentes de este maravilloso planeta.

Al final, somos un eslabón para la vida, único por su inteligencia, por eso un consejo es sembrar, en los más pequeños del hogar, el conocimiento sobre la abuela Tierra; alimentarlo para que crezca como hábitos familiares que den como fruto los valores, esos que nutrirán la mente y el espíritu de sus seres queridos.

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