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El consejo de la abuela Tierra: Una cotorra reflexión
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El consejo de la abuela Tierra: Una cotorra reflexión

Maritza Morales
 

por LaVerdad

El consejo de la abuela Tierra: Una cotorra reflexión

El consejo de la abuela Tierra: Una cotorra reflexión

Unos seres verdosos y emplumados rompieron con estruendo mi concentración, la que de por sí da trabajo conseguir cuando uno más la necesita. Todo aconteció la semana pasada, me disponía a verificar en qué categoría de conservación se encuentra el Pez Sierra, ese que es complicado de describir porque su cuerpo pareciera resultar de la fusión entre un tiburón y una manta, pero su hocico largo y lleno de dientes lo hace fácil de identificar porque literalmente parece haberse comido una motosierra. Dicho pez aparecería en una de las notas del periódico HUNAB y debíamos aclarar sobre su conservación. 

Como se ha mencionado en consejos anteriores, no todo se encuentra en “peligro de extinción” y estaba segura de que se trataba de una especie amenazada. Para salir de cualquier duda y sin vacilar consulté la Norma Oficial Mexicana 059 de la Semarnat, la cual contiene el listado de las especies sujetas a alguna protección. Fue casi automático mi proceso de búsqueda, primero accedo a la lista en internet, acto segundo transcribo el nombre científico del cartilaginoso pez : Pristis pectinata , en mi defensa debo comentar que requiere talento y concentración el arte de copiar nombres en latín. Es en este momento cuando los ruidosos parloteos interrumpieron, normalmente lo hacen por la tarde, pero esta vez no solo se adelantaron por varias horas sino que fueron por refuerzos, pareciera que todos los loros guayaberos de la colonia , cuatro para ser exactos, tuvieron su reunión vespertina en el árbol de capulín que está más cerca de la oficina, estuvieron media hora discutiendo en su peculiar y escandalosa forma de expresarse, tiempo suficiente en el que mi mente se enfocó a analizar la riqueza natural con la que a veces convivimos. 

¿En qué partes de la ciudad los ha escuchado cotorrear? Y, si logramos reforestar más nuestros hogares seguramente incrementaremos el número de avistamientos de estos visitantes emplumados y, desde luego, los de otras especies. 

Los susodichos emprendieron el vuelo, creo que llegaron al acuerdo de visitarme regularmente porque ahora se escucha su “melodioso” canto más seguido. Por fin el silencio me ayudó a retornar a mi investigación, verifiqué el nombre del pez y … ¡Sorpresa! Un proyecto de modificación a la NOM 059 había sido publicado en el Diario Oficial de la Federación en agosto pasado. Ya había escuchado de colegas que habrían especies que desaparecerían de la lista y así fue,  siete salieron triunfantes ya que su población se ha recuperado. Pero cuarenta y siete serían añadidas, en su mayoría pastos marinos y plantas suculentas. Solo tres cambiarían de categoría … y ahí estaba … mi sujeto de investigación había sido removido de nivel, fue vergonzosamente promovido a una situación más crítica que lo coloca cada vez más cerca de la extinción. Ahora será más difícil de encontrarlo en los mares. 

En Yucatán somos privilegiados, rodeados de tanta abundancia natural, por eso un consejo de la abuela Tierra es disfrutar de las manifestaciones de la vida, valorarlas y encontrar en cada una de ellas una oportunidad para fortalecer nuestras ganas de vivir en armonía con todo lo que nos rodea.

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