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El consejo de la abuela Tierra: La hipocresía del ambientalismo moderno
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El consejo de la abuela Tierra: La hipocresía del ambientalismo moderno

LARN. Maritza Morales Casanova

por LaVerdad

El consejo de la abuela Tierra: La hipocresía del ambientalismo moderno

El consejo de la abuela Tierra: La hipocresía del ambientalismo moderno

 La temporada navideña me dejó claro que mi abuelita Loló no sólo tiene más edad que el movimiento ambientalista, al cual por cierto supera por 42 años, recordemos que éste tuvo auge en 1972 durante la reunión convocada por las Naciones Unidas en Estocolmo. Mi abuelita es más ambientalista que muchos que presumen de hábitos radicales, cual fariseos descritos en la biblia y de los cuales pido a Dios me permita mantenerme lejos. 

Un poco más detalle, es hipócrita “desgarrarse” las vestiduras y pronunciarnos en contra de la tala de árboles, de los perritos abandonados, del uso de bolsas plásticas y hasta del proyecto del Tren Maya cuando se habla sin conocimiento de causa y es todavía más perverso jactarse de lo que no se hace. 

Hasta el más experimentado tendrá dificultades para sobrevivir a una charla regida por el apasionado debate entre el futuro que acecha a los jaguares cuando las líneas del ferrocarril Maya fragmenten en su trayecto los hábitats del único gran felino de América, dejando a la locomotora de biodisel entrometerse en las comunidades indígenas, engendrando en sus vagones un cambio socio-cultural. Afortunadamente en mi caso durante lo álgido de las intervenciones, fui salvada no por una sino por doce campanadas, las cuales develaron el embuste de los aguerridos defensores quienes con prontitud prendieron fuego al primer petardo el cual sólo avivó la ambición de celebrar con los fuegos artificiales el inicio del año nuevo y de la contingencia ambiental.

Por eso digo que mi abuelita, convencida de seguir reutilizando el viejo traste de yogurt como contenedor para la comida, es una ambientalista en la que sus acciones pesan más que sus palabras. Ella carga consigo su “sabucán” el cual bien podría formar parte de la colección del Museo de Antropología, porque además de su antigüedad, ese morral se mantiene en excelentes condiciones. Ella afirma que la escasez de gasolina no le afectará, su costumbre de trasladarse a pie es más fuerte que nuestra insistencia de llevarla en auto.

Si queremos opinar sobre los grandes proyectos que incidirán en nuestro patrimonio natural, debemos equilibrarnos con la realidad. En el argot ecológico existe una palabra, la resiliencia, esa capacidad en un ecosistema o en los seres vivos que les permite soportar perturbaciones y recuperarse para regresar casi a su estado original. Imagine que una liga es estirada y como ésta es resiliente, regresará a su forma. Así acontece en la naturaleza, pero como en la liga, se se le estira muy fuerte podría reventarse, así nuestros ecosistemas podrían no soportar.

Antes de emitir nuestra opinión pensemos ¿Qué tanto alboroto causará la susodicha locomotora que no permita a los habitantes humanos y silvestres regresar a su cotidianidad? ¿Qué otras opciones tendremos? ¿Es el costo ecológico menor que el beneficio?

El consejo de la abuela Tierra es predicar con el ejemplo, exigir a las autoridades la protección de la naturaleza con la firme convicción de iniciar el año adoptando acciones familiares más armónicas con nuestro entorno.

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