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Maritza Morales
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El consejo de la Abuela Tierra: Limosnas para el planeta

Maritza Morales

por LaVerdad

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Las bendiciones de la naturaleza las recibimos de día y de noche, maravillosos amaneceres animados por aves canoras y coloridas, anocheceres con lunas sonrientes o repletas donde parece haber un conejo observándonos, motivo de inspiración para un sin fin de poetas.

En la actualidad los temas ambientales han ganado terreno en la mente y el corazón de las personas. Cada vez somos más los que estamos dispuestos a alzar la voz y exigir el respeto a todas las formas de vida.  Somos más los que al encontrar una boa o culebra, vencemos el temor que nos despierta verlos y optamos por llamar a la autoridad para su rescate; los que al ver un perro callejero le ofrecemos agua y comida a las afueras de nuestra casa, pero no se confunda estimado lector, esa es una buena acción para iniciar pero no suficiente… alimentar a los perros de la calle y dejarlos a su suerte incrementa la probabilidad de su proliferación  y no soluciona la necesidad de que sean retirados de la calle para entrar a un nuevo hogar.

Si la naturaleza ha sido tan benigna con los seres humanos en todo momento, en respuesta debemos hacer lo que esté a nuestro alcance y un poco más, para contribuir con su conservación. Y aquellos que tienen más posibilidades tienen la obligación de aportar más, no me refiero con posibilidades únicamente al tema económico sino a los escenarios de poder y toma de decisiones. No es posible que nuestro planeta siga recibiendo limosnas y migajas:  el menor de los presupuestos para ejercer acciones ambientales, tomadores de decisiones que aseguran proteger la ecología y con esto dejan en evidencia que no diferencian entre ecología (como ciencia que estudia  a los seres vivos y el ambiente en el que viven) y medio ambiente ( todo lo que nos rodea ), empresarios que prefieren pagar multas ambientales en vez de invertir en procesos limpios para sus empresas, y hasta las críticas a nuestra abuela Tierra porque si hace calor y llueve enseguida se dice que ya empezó el “mal tiempo”, cuando para los seres vivos ese tiempo de lluvia no tiene nada de malo, por el contrario anheladas gotas de agua que ponen fin a las sequías caen como una bendición.

Recordemos a nuestra abuela Tierra como un planeta fiel y siempre dispuesto a compartir sus bondades con todos los seres que en ella habitan. No caigamos en la mezquindad y esforcémonos desde nuestras trincheras por hacer más de lo que ya hacemos.

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