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Egoísmo, la enfermedad del siglo XXI

por La Verdad

Benito Pérez / @Benit0Perez Cancún, Q.Roo.- Egoísmo, la enfermedad del siglo XXI La realidad no siempre es lo que queremos, pero es lo que hay. Un fenómeno que se presenta en una parte de la población es un comportamiento harto curioso. Mientras miles se ocupan en ayudar a los damnificados de la Ciudad de México, Morelos, Puebla, Chiapas y Oaxaca, hay un sector que se mantiene al margen de los acontecimientos, como en otro mundo. Un mundo en el que sólo cuenta la inacabable rutina del trabajo, de la familia nuclear, de los negocios, un sitio donde el azul turquesa del Caribe hechiza y envuelve al ciudadano y visitante de Quintana Roo en una pompa de jabón. Y entonces nada existe. “¿Donar? Para qué si ni familia tengo por allá” sorprendente respuesta de algunos. Respetable sí, egoísta también. Pareciese que nada existe más que el ego, nada cuenta más que el ego. En el año 2005 Quintana Roo enfrentó una desgracia similar a la que se está viviendo en el centro y sur del país. El paso del huracán “Wilma” que causó destrozos al por mayor. Los que vivimos aquella traumática experiencia recordamos las escenas dramáticas: calles cubiertas de árboles arrancados, ramas rotas, casas destechadas, comercios destruidos; luego la rapiña, el miedo. Al igual que ahora, alguien en el resto del país decidió salir del hechizo que otras ciudades provocan en sus ciudadanos, por un momento dejaron de ver a la familia nuclear, los negocios. Por un segundo no les importó “no tener familiares aquí” y en un acto de valentía pasaron por encima de su ego y llegaron a ayudar. Hoy de aquella calamidad sólo quedó el recuerdo y los que sobrevivimos a “Wilma” recibimos una gran lección, no la de la fuerza de la naturaleza, sino una lección de humanidad, la del desprendimiento, la del ayudar. ¿Es necesaria una tragedia para despertar a los indiferentes? Ojalá no sea así, ojalá el despertar se extienda y las muestras de afecto nacional e internacional toquen el corazón y despierten el sentimiento más noble de la humanidad: la solidaridad.

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