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EL NIDO DEL KAU: “Leer en pospretérito”
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EL NIDO DEL KAU: “Leer en pospretérito”

William Casanova

por LaVerdad

EL NIDO DEL KAU: “Leer en pospretérito”

EL NIDO DEL KAU: “Leer en pospretérito”

Ya sea por cumplir con la cuota de notas diarias, por las dificultades de la nueva relación con las fuentes de información o por una emergente moda de comunicación, el pospretérito goza hoy de gran presencia en las noticias.

De tal modo, leemos que Fulanito podría vender hasta 200 millones de pesos en el próximo carnaval. Que Menganito habría muerto en un accidente. Perenganito sería el próximo candidato. Zutanito estaría de viaje a la Luna.

En el mundo de las noticias, permea hoy un tiempo verbal que nos presenta el vaso medio vacío o medio lleno, según lo quiera interpretar cada lector, ya que los medios proporcionan información sobre acciones hipotéticas en el presente o en el futuro, vestido con sus matices de probabilidad o posibilidad.

Hoy, en los medios impresos, electrónicos o digitales, si un periodista no encabeza su noticia con un “habría”, “sería”, “estaría”, “podría”, “aprobaría” o cualquier otro condicional o potencial, corre el riesgo de perder la bomba informativa del día con la competencia, que utiliza ese mismo tiempo gramatical. A manera de Poncio Pilatos, sus autores se lavan las manos con un oscuro propósito: advertir que su información no está comprobada.

Y los lectores responden, para empezar, que si la noticia no está comprobada no debería difundirse. Así de simple. El lector busca certeza informativa, no hipótesis.

En vez de decir o escribir lo que no sabemos, siempre debemos elegir lo que sí sabemos. Frente al reinado del pospretérito, los profesores de Periodismo tienen la obligación de enseñar a sus alumnos a recuperar a los lectores con información comprobada, no con hipótesis, insinuaciones, conjeturas, rumores y chismes.

No es el objetivo de esta columna adentrarse en los complejos laberintos lingüísticos de ese tiempo gramatical. Los interesados pueden profundizar su análisis en “La Nueva gramática académica” (edición 2009, páginas 1,794 y 1,795) o en la lectura imprescindible de “El dardo en la palabra” (Lázaro Carreter, 1997, páginas 95 y 96). Aquí, nos limitamos a cuestiones de la profesión periodística, pues tanta duda, tanta frase que insinúa, tanta conjetura, tanto hecho no confirmado, deja en los lectores la sensación de que las nuevas generaciones de periodistas cada vez comprueban menos lo que dicen.

Sí es posible frenar esa moda perniciosa, en especial porque se usa el pospretérito de manera innecesaria ante hechos que, luego resulta, sí están comprobados. Por ejemplo, la semana pasada, en un noticiario vespertino, un locutor d radio, con tono solemne, fúnebre, abrió su espacio anunciando que “un policía de Ticul habría muerto en un accidente al volcarse la camioneta que manejaba, en una curva”.

El mismo locutor abundó, unas palabras más adelante, que “de acuerdo con la policía municipal de Ticul, la patrulla 1465 sufrió la volcadura en una curva entre Ticul y Sacalum, con saldo trágico para su conductor Gubertino Magaña Chimal”. Es decir, con los hechos ya comprobados por un peritaje, ¿para qué inducir al morbo usando el pospretérito si presenta un hecho comprobado?.

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