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EL NIDO DEL KAU: La cédula que explota
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EL NIDO DEL KAU: La cédula que explota

William Casanova

por LaVerdad

EL NIDO DEL KAU: La cédula que explota

EL NIDO DEL KAU: La cédula que explota

El Congreso de Yucatán rechazó legalizar el matrimonio igualitario con una salida de emergencia: “voto  secreto por cédula”. Al margen del fondo legal y social de asunto, la forma que escogió la mayoría de los diputados locales para esconderse en el anonimato enciende luces rojas por su preferencia por lo oscuro, lo secreto, ante temas cruciales para la sociedad, en la víspera de un nuevo, millonario endeudamiento de los yucatecos.

Los diputados locales imponen su anonimato “para asegurar que no exista presión ni peligro a su seguridad”. Para evadir el costo político de su votación, interpretan de manera cantinflesca el Artículo 19 de la Constitución de Yucatán. Cabe mencionar que el Congreso de la Unión sí reconoce la votación por cédula, pero la limita a casos de elección de personas para cargos públicos federales.

El Congreso yucateco está conformado por 25 diputados, de los cuales 15 llegan por voto directo y representan a los ciudadanos de un distrito; los 10 restantes llegan por la vía plurinominal, es decir, representan prioritariamente a sus partidos, tienen peso en sus institutos políticos pero bajas o nulas probabilidades de ganar en las urnas.

En el caso del matrimonio igualitario, las papeletas arrojaron 15 votos en contra y nueve a favor: la mayoría de los 24 votos totales. Faltó un voto, el del presunto enriquecimiento por el cobro de comisiones en la asignación de dinero para obra pública, el de la exhibición en redes sociales de la pesca de especies marinas en veda; no llegó ni a cédula porque para no quedar mal con Dios ni con el Diablo faltó deliberadamente a la sesión plenaria y luego difundió que, en anterior cargo, como diputada federal, apoyó en la tribuna la unión legal entre personas del mismo sexo.

Los otros 24 diputados se debatieron entre dos grupos. En la esquina blanca, rosarios y cruces elevando sus rezos en contra del asunto a votar. En la otra esquina, la de colores, a favor. Para vivir del erario se necesita el voto de ambos.

En una cena, hace casi cinco lustros, un político local me platicó sobre sus aspiraciones futuras de ser legislador, alcalde y hasta gobernador gracias a su aspecto físico.-La clave es asegurar el voto de la comunidad gay, que representa el 20 por ciento del padrón electoral –me dijo en ese entonces. El tiempo le dio la razón.

Hoy, con un peso político-electoral mayor al que tenía hace 25 años, la comunidad gay amenaza con revelar oscuros secretos personales detrás de las cobardes papeletas que se opusieron a la legalización del matrimonio igualitario. Como si en Yucatán no nos conociéramos, anuncian que darán pruebas de diputados del PRI y del PAN (los partidos que se confabularon votar con secrecía), casados y con hijos,  pero que en su oscura intimidad, como su voto en el pleno, tienen preferencias por personas de su mismo sexo.

Los de banderas de colores aplauden a quienes votaron a favor. Agregan que aunque sea una minoría, esos diputados no fueron cobardes en el sentido de su voto. Hasta les perdonaron su pasado, como cuando se fueron de luna de miel al extranjero, olvidando su responsabilidad legislativa, en plena aprobación del paquete fiscal 2019. Sostienen que entre quienes escondieron su voto hay infieles, promiscuos, malos padres. El anonimato legislativo representa a una sociedad que en las redes sociales, con perfiles falsos y máscaras, carece de valor civil para manifestar libremente sus convicciones personales.

El filósofo francés Joseph de Maistre (1753-1821) sostuvo que cada pueblo o nación tiene el gobierno que merece. Los yucatecos tienen las cédulas que se merecen: quien esté libre de culpa, que arroje la primera piedra.

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