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EL NIDO DEL KAU: El poder de la crítica
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EL NIDO DEL KAU: El poder de la crítica

William Casanova

por LaVerdad

EL NIDO DEL KAU: El poder de la crítica

EL NIDO DEL KAU: El poder de la crítica

En un mundo paralelo, una noticia crítica despierta los aplausos, el interés colectivo y la reflexión social. En el nuestro, genera checar inmediatamente el crédito, para saber si el autor de esa noticia u opinión solo presiona mediáticamente con fines muy personales, generalmente para conseguir ingresos económicos.

No eran ariscos; la historia formó nueva generación de lectores. Casi nunca falla la intuición colectiva de los receptores en el mundo de hoy. Basta revisar las últimas noticias u opiniones de un autor, para detectar funcionarios o dependencias específicas que son el blanco de su “crítica”.

En un segundo plano queda la esencia del periodismo. El historial del autor rápidamente lleva a la decepción de los lectores. Las trayectorias confirman que, apenas consigue su objetivo, sin pudor, esa fuente de información olvida su función social. La llamarada de petate de nuevo ofrece los mismos boletines, disfrazados o no, que publican los demás.

Los lectores tenemos familia. Entendemos que es necesario trabajar para costear la alimentación, la educación de los hijos, el mantenimiento del hogar y que para sobrevivir en el mundo de las comunicaciones, es necesario recurrir a los convenios de difusión con distintas instancias y dependencias del sector gubernamental.

Pero tanta dependencia con los patrocinadores mimetiza al comunicador con el poder. Es tan atractiva la fama y el dinero, que pronto se olvida que toda comunicación requiere de dos partes. Como el día no puede existir sin la noche, los comunicadores no pueden existir sin los lectores.

Sí pueden subsistir, al amparo del subsidio gubernamental, pero prácticamente no existen para los lectores. Es fácil confirmar lo anterior, basta el revisar los tirajes de medios impresos, el nivel de audiencia en medios electrónicos y las veces que se comparte o comenta el mismo boletín en las redes sociales. Sí: se repite el comunicado oficial en todas las cuentas que dependen del erario, pero tiene bajo impacto en el público.

El nazismo tiene su registro histórico en el siglo XX. Muchos comunicadores no caen en cuenta que ya estamos en el siglo XXI. La máxima de Joseph Goebbels, ideólogo de la comunicación nazi, “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”, ya no tiene cabida en la nueva generación de lectores.

Por décadas, grandes sectores de poder se dieron cuenta, gracias a la experiencia nazi, que las sociedades eran capaces de creer en cualquier mensaje, presentado de la manera adecuada. La clave era ejercer un control absoluto sobre los medios de comunicación social y en aquellas instituciones que transmitieran ideología, entre ellas, la escuela. Bastaba con hurgar en los miedos, los odios y las inseguridades.

Pero la revolución informática transformó las reglas del juego. Experto en ética periodística, maestro en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) desde 1995, Javier Darío Restrepo lo explica: “El periodismo se creyó que era un poder, y al hacerlo se corrompió. Esta convivencia con el poder lo distrajo de su esencia, de un servidor público, la de un fiscalizador del poder. La esencia del oficio periodístico es servicio, no el poder”.

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