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EL NIDEO DEL KAU:  De memes y cartones
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EL NIDO DEL KAU: De memes y cartones

EN EL MUNDO de hoy: los lectores buscan el máximo de información con el mínimo de lectura. No en vano la fotografía decía mucho más que mil palabras, y hoy, un meme dice más que mil fotografías.

por LaVerdad

EL NIDO DEL KAU: De memes y cartones

EL NIDO DEL KAU: De memes y cartones

Por:  William Casanova

El polvo cae lenta, implacable, sobre las letras. Una tenue capa sobre otra, a cada rato, en Ciudad Blanca, la del exceso de asfalto, cemento y polvo. Capa tras capa. Al final,  de tan empolvado, mis textos impresos terminan obsoletos ante la velocidad de respuesta de la inmensa mayoría de los usuarios de las redes sociales. Las nuevas generaciones vienen con el chip de la sagacidad digital. Con ellos me aplica una frase de Carlos Monsivais: cuando entiendo lo que está pasando ya pasó lo que estaba entendiendo.

Por eso, la comunicación impresa tiene un manejo distinto al de la virtual. A la primera, la información de las redes sociales le debe servir como contexto, jamás como noticia, pues ésta se conoció muchas horas antes en la Matrix. Además, todo medio impreso debemos reconocer que vivimos en el reino del Meme; ningún discurso, por profundo y analítico que sea, compite con la eficacia de un pollito aporreando su ala para decir lo que el resto del mundo se autocensura o la de ese gatito respondón que saca de quicio a su pareja cuando aclara sus medias verdades (o, lo que es lo mismo para cualquier lector, mentiras completas).

Los sesudos análisis, salpicados de frases rimbombantes, las citas de autores y pensadores clásicos, esa certeza de ser líder de opinión, no tienen cabida en el mundo de hoy: los lectores buscan el máximo de información con el mínimo de lectura. No en vano la fotografía decía mucho más que mil palabras, y hoy, un meme dice más que mil fotografías.

De ahí la importancia de los caricaturistas políticos. Algunos logran trazos geniales, que nos explican de un plumazo el qué, cómo, cuándo, dónde, el por qué y hasta lo que hay detrás de las noticias que, tarde o temprano, impactarán en nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestra economía, en nuestro nido de víboras que se han apoderado del erario a través de ese invento llamado “partido político”.

Los trazos de una caricatura tienen un mensaje mayor en las páginas editoriales que el resto de las columnas, artículos y otros géneros de opinión. Y, al menos en las décadas que tengo como reportero, la mayoría de los caricaturistas llegaron con ese don del dibujo instructivo, la cual perfeccionaron con el tiempo, hasta alcanzar sus estilos y sellos personales, al grado que de inmediato nos damos cuenta cuando alguien roba sus trazos y, encima, borra la firma del autor.

Hay de caricaturistas a moneros. De los segundos, puedo hablarles de mi experiencia con uno, una fruta de patio: Un yucateco por accidente. Un humano por convicción. Es un maestro, que día con día nos imparte cátedras de un periodismo de opinión en el que no basta garabatear, enseña que este arte y ciencia requiere, además, de un profundo dominio del lenguaje y del entorno político local, nacional e internacional, hasta lograr el mensaje exacto que mezcle reflexión y esperanza.

No es casual su dominio en el arte, se trata de un yucateco universal cuya vida es congruente en grado extremo con sus ideas y su profesión. A mayores pistas: ama el rock. Terminemos el Nido del Kau de esta semana con un ejercicio: espero en sus comentarios el nombre de ese misterioso caricaturista.

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