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EL NIDO DEL KAU: Con la música por dentro
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EL NIDO DEL KAU: Con la música por dentro

William Casanova
 

por LaVerdad

EL NIDO DEL KAU: Con la música por dentro

EL NIDO DEL KAU: Con la música por dentro

En los primeros días de este 2019 una noticia sacudió a los comunicadores del país, un brusco cambio de programación en varias estaciones de radio puso punto final a largos años de una apuesta por las noticias y el análisis en ese medio de comunicación social.

El recorte de la plantilla laboral para compensar el bajón de los ingresos empezó hace una década en los medios impresos, y de manera paulatina llegó a la radio en los últimos meses. No es ocioso reconocer la importancia de este medio, cualquier encuesta de mercadotecnia y de impacto de comunicación masiva confirma que el invento del italiano Guillermo Marconi se mantiene en la cima de la preferencia social.

Las estaciones radiofónicas al fin fueron alcanzadas por la realidad: las nuevas audiencias piden música, no quieren escuchar a los “sabelotodo” que se apoderaron de los micrófonos para opinar sobre temas políticos, de salud física y mental, amorosos, deportivos, esotéricos, y un largo, larguísimo catálogo de ocurrencias.

Los estudios de audiencia revelan que esos programas de opinión tienen un pequeño nicho de mercado, basado en adultos y adultos mayores, mientras el mayor segmento del auditorio, conformado por personas de 14 a 35 años, deambulaba por el cuadrante en busca de música popular, reggaetón y de catálogo (del rock a la música clásica, pasando por el jazz) y noticias sin adjetivos.

Los programas de opinión empezaron bien, con analistas y expertos en su área, pero pronto se perdió entre las ondas electromagnéticas. Con el paso de tiempo, cualquier merolico, con el patrocinio de políticos, dispuso de un tiempo en la radio para soltar verborrea y salivazos.

La metralla verbal se inicia desde las 05:00 horas con noticieros y programas de opinión, que sepultaron los espacios para la música. La competencia entre las emisoras hizo que pronto, las cadenas olvidaran a una emergente sociedad que creció con las redes sociales y que, al igual que con los medios impresos, escucha en la radio noticias de las cuales ya está enterada.

Y ahí van, los automovilistas, choferes, amas de casa o mecánicos, cambiando a cada rato de estación hasta encontrar música, hartos de los “opinadores´´ empeñados en decir que el blanco es negro, que lo frío es caliente, con sus frases desgastadas, con chistes de internet que ya perdieron su gracia, empeñados en ser utilizados como instrumento de golpeteo político.

La fama pública de los periodistas radiofónicos fue un escudo durante muchos años. Cortar sus programas representaba un atentado contra la libertad de expresión. Pero la ley de la oferta y la demanda también rige el mundo de las comunicaciones y lo que el nuevo mercado demanda está muy lejos de esa oferta caduca.

Todo exceso es malo. Por supuesto que necesitamos estaciones de radio que nos proporcionen información. De hecho, el mayor éxito lo tienen los noticieros que, desde temprana hora, nos ofrecen un resumen de las portadas y notas estelares de los periódicos, pero llenar la programación con programas de opinión contaminó el ambiente. Hartó a los radioescuchas.

En un medio con esencia musical, cobra la mayor importancia el silencio. Es justo lo que, en los medios impresos, pedimos los lectores: si no tienes nada bueno qué decir, no escribas.

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