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EL NIDO DEL KAU:  Los gritos del silencio
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EL NIDO DEL KAU: Los gritos del silencio

William Casanova

Colaborador de La Verdad Yucatán

por LaVerdad

EL NIDO DEL KAU:  Los gritos del silencio

EL NIDO DEL KAU: Los gritos del silencio

Frágil como un bebé, con 25 kilos de peso a sus 18 años, el alma de Emmanuel escapó poco a poco. En cada latido. En cada suspiro. No hubo un médico a domicilio que lo ayudara en su natal Oxkutzcab en su cuadro de neumonía. Ningún Festival de la Salud que garantice atención médica oportuna. Subió a su cruz con un pantalón corto azul y una playera amarilla, a cumplir con su fatal destino. “Yo te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

El pasado lunes 15, el Instituto Mexicano del Seguro Social se lavó las manos. Su clínica en Oxkutzcab, donde el 25 de febrero pasado uno de sus médicos subió a la antena de telecomunicaciones con fines suicidas ante maltrato laboral, expidió a Emmanuel su alta con deslinde de responsabilidades, disfrazada de pase VIP a una mejor atención médica en la capital yucateca. “Mujer, ahí tienes a tu hijo”.

En los Vía Crucis del siglo XXI hay diferencias entre legalidad y justicia. Las autoridades dicen que su madre firmó esa alta de manera voluntaria al ver las carencias de equipo y medicamentos. Aunque los galenos sepan que una vida está en juego no pueden hacer nada ante una firma, pues de eso se trata la legalidad. Justicia sería que, ante casos de la gravedad, se asegure el traslado e inmediata atención de un paciente moribundo al siguiente nivel.

Los 105 kilómetros que separan a Mérida del municipio sureño estuvieron libres de insultos, pedradas, golpes y escupitajos. Solo un silencio total, el de la indolencia. Ninguna de las nuevas ambulancias, enfiladas para las fotografías oficiales de dron, estuvo disponible. Tres horas transcurrieron desde la salida de la clínica regional 39 del IMSS al Hospital Agustín O´Horán. El tiempo para juntar unas monedas, las necesarias para un traslado particular.

Siempre en los brazos maternos, el cuerpo cada vez más débil, la piel pintándose de morado. Al llegar a su destino Emmanuel cayó en el laberinto de la burocracia. Abarrotado hasta en los pasillos por las urgencias que llegan de todos lados, con sus médicos residentes sufriendo la falta de pagos, el saturado Hospital O´Horán lo puso en la lista de espera.

En su defensa, sus responsables dicen que el filtro de vigilancia de Urgencias lo recibió y lo condujo al interior, como si no fuera su mínima obligación moral. A Emmanuel no lo ayudó su historial clínico: desde julio de 2018 ingresó varias veces al O´Horán con recurrentes cuadros de neumonía e infecciones respiratorias, derivadas de su parálisis cerebral infantil. “Madre, perdónalos que no saben lo que hacen”.

La espera es un calvario diario para quienes no tienen dinero ni influencias. Es un grito silencioso de la realidad. Es el tiempo que perdemos en las filas del transporte público, de los trámites bancarios, de las salas de cine, de los consultorios. Emmanuel no tenía tiempo ni fuerzas para una última espera. La madre cubrió el débil cuerpo con un pañal blanco; desesperada, salió en busca de ayuda. No avanzó mucho. En las aceras de la avenida Canek, a unos metros de la salida, Emmanuel murió en sus brazos. “Madre, ¡no me has abandonado!”

Un grito rompió la noche. El llanto mojó el cuerpo inerte. Otra vez a implorar ayuda, unas monedas para regresar a Oxkutzcab, para velar y sepultar a Emmanuel. “Todo está cumplido”.

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