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Desde el pódium: Prioridades
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Desde el pódium: Prioridades

Fernando Río 

por LaVerdad

Desde el pódium: Prioridades

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Desde la elegancia histórica que representan los muros de Palacio Nacional, desde la investidura que le dieron más de treinta millones de mexicanos en las urnas, desde un país polarizado, dividido históricamente en una interminable y futil lucha de clases, el Presidente de la República, de los Estados Unidos Mexicanos enuncia categóricamente: ¡Combatir el robo de combustible es prioridad nacional!

Ya sin ser acompañado por su cuasi-eterno chofer Nico (por cierto ¿y dónde está Nico?) y cambiando el Tsuru blanco por seguramente una Suburban del año, estas palabras presidenciales en su madrugadora conferencia del martes me ha invitado a la reflexión del país en el que habitamos, ¿será acaso que somos moradores de la cueva de Alí Babá? Ojalá fueran solamente 40 ladrones, pero son miles más.

Realizando un ejercicio comparativo – sé que son odiosos pero a veces necesario – en países con mucho mayor desarrollo económico y social, sus prioridades gubernamentales son otras: la economía, la salud, la educación y la productividad, mientras que en nuestro país es evitar que nos asalten, evitar que entre nosotros mismos nos hagamos daño.

En China están preocupados y ocupados en cerrar un trato comercial con los Estados Unidos para sostener un crecimiento anual por arriba del 10 por ciento, en Japón bajo su óptica de fomentar los valores desde las aulas, desean que la crisis asiática no les afecte, en Alemania están trabajando en marcos regulatorios para las fábricas inteligentes que ya no necesite del empleo masivo de la mano de obra.

Imagínese estimado lector que su prioridad sea quedarse en casa para evitar que su vecino ingrese por la puerta trasera y le arrebate ilícitamente sus pertenencias; vivíriamos en la zozobra, en la incertidumbre.

Hay que reconocerlo, en México vivimos en la cultura del chingaquedito, en la cultura del vamos a robar, total, el Gobierno lo hace todo el tiempo, en la cultura del agandalle, en la cultura de la cubeta de cangrejos.

Más que una crítica – muchas veces merecida – al sistema de Gobierno y sus funcionarios, pretende serlo para nosotros mismos, para una comunidad como núcleo poblacional que ante la falta de oportunidades productivas para la supervivencia, ve lo ilegal como una manera fácil de vivir bien, aún bajo el riesgo de una explosión como recientemente sucedió.

A grandes males, grandes remedios, los dos últimos mandatarios, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto utilizaron toda la fuerza del Estado, incluyendo a las fuerzas militares para intentar detener las atrocidades de la delincuencia organizada y del narcotráfico, sin resultados tangibles.

La sociedad, como ese ente inmaterial constituyente de la organización social, es parte del problema, pero por supuesto que debe formar parte fundamental de la solución, porque de nada servirán los principios ¿ideológicos?  de la llamada Cuarta Transformación, República Amorosa o como se le denomine.

Mientras entendamos que la transformación somos nosotros en esa medida avanzaremos como país hacia un mejor futuro.
 

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