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Desde el pódium: Más allá del Salario Mínimo
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Desde el pódium: Más allá del Salario Mínimo

Fernando Río

por LaVerdad

Desde el pódium: Más allá del Salario Mínimo

Desde el pódium: Más allá del Salario Mínimo

La responsabilidad es alcanzar una decisión certera en todos los sentidos, porque no se puede, ni se debe ser parcial al respecto; ser responsables es lo que nos asegura vivir en orden y estabilidad.

El filósofo Platón señala que cuando alguien permite que la pasión le ciegue el juicio o fija su atención en lo bueno que puede tener lo malo, es responsable, la falta de responsabilidad es ignorancia.

Vivimos en un país complejo, diferente y con una multiplicidad de retos, México no se acerca ni mucho menos a una utopía social, aunados a los Derechos Humanos, la política y la inseguridad, tenemos un tema que nos afecta aún más, lo económico.

Mucho se ha hablado y escrito al respecto de la necesidad de incrementar el salario mínimo, aquel indicador que para muchos, representaría una mejor calidad de vida; el dinero, ese papel moneda que nos permite adquirir bienes y servicios básicos o superfluos.

A principios y mediados del siglo veinte, el dinero no era un factor de status quo, importaba mucho más el haber completado una carrera profesional, ser docente en un aula o tener un encargo público.

Pero el mundo ha cambiado y las circunstancias que lo rodean también, porque tener riquezas materiales te brinda cierto nivel de poder ante los demás y apertura puertas que antes estaban cerradas, no tener dinero te condena al ostracismo.

Estamos en un planeta donde tienes que tener el Smartphone más avanzado y costoso, aunque tu vivienda necesite reparaciones o no esté terminada, habitamos en un lugar donde importa más comprar una camisa de tendencia más que pasar tiempo con nuestros hijos, esa es la realidad.

El salario mínimo, aquella barrera que nos impide, a nuestro juicio, alcanzar la supuesta felicidad, es una consideración en la que muchos, enuncian frases como “tenemos que triplicarlo, es solamente un procedimiento”, o “si subimos el salario mínimo a 300 pesos nos va a ir mejor”.

Y sí, hay que decirlo: tenemos salarios paupérrimos comparados a nuestros vecinos del norte, en donde se paga por hora. Esas comparaciones fútiles con una superpotencia como lo es Estados Unidos, hogar para millones de mexicanos que buscan una mejor vida económica.

Platicaba con un maestro en Economía y éste me expresaba que el desequilibrio entre el costo de vida y los salarios se debía a un pésimo manejo de las finanzas públicas y privadas desde hace 6 décadas, la irresponsabilidad de quienes se suponía debían aplicar políticas administrativas sanas, empoderando al empresario y la clase trabajadora.

Este especialista también consideraba que incrementar el salario mínimo tres o cuatro veces más, sería irresponsable, porque causaría una inflación monetaria, los productos, servicios y bienes tendrán que subir a la par, de lo contrario el empresario tendrá que cerrar su negocio.

Las Cámaras organizadas, como la Coparmex, proponen que el salario mínimo pase de 88 pesos a 102 por jornada, cifra al parecer, bien estudiada por el organismo, que ellos mismos refieren, “no generaría elevaciones inflacionarias ni algún impacto económico”.

Estará entonces, en potestad del nuevo gobierno federal, hacer los ajustes necesarios para empezar a equilibrar el desbalance social que impera en los treinta y dos estados de la República, atendiendo también otras situaciones periféricas, como la educación, el combate a la corrupción y el apoyo a las Pymes.

No solamente se trata de aumentar por aumentar, sino que esto debe ir acompañado por acciones sustentadas en el desarrollo, en impulsar el talento así como las capacidades que como Estado poseemos.

Tener dinero es importante, pero lo es aún más, la formación individual, que a la postre, fortalecerá la colectividad.

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