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Desde el pódium: El discurso del Presidente (I)
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Desde el pódium: El discurso del Presidente (I)

Fernando Río

por LaVerdad

Desde el pódium: El discurso del Presidente (I)

Desde el pódium: El discurso del Presidente (I)

El recinto de San Lázaro- ante la presencia de los poderes constituidos-  vivió un momento histórico para la trascendencia nacional: la investidura de Andrés Manuel López Obrador como el Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

La tensión y la incertidumbre estaban a flor de piel, se trataba no solamente de la unción legal y jurídica de la ulterior representación del Poder Ejecutivo, sino también de la respuesta del Legislativo, plural en su organización, reacia ante la polarización política existente.

En la lista de invitados de honor, la sola mención de Nicolás Maduro, presidente de la República de Venezuela, señalaba probables situaciones de confrontación, no llegó, dicen por ahí que su avión sufrió un retraso, ¿quizá por el clima? ¿Meteorológico o social?

Dicen que las palabras son la firma del alma, lo que dices es o deberá ser, por lo que el discurso inaugural de su presidencia tendrá que ser escudriñado con el detalle del caso, para darnos una idea del gobierno por los siguientes seis años.

Inicia con un escueto agradecimiento a su antecesor por no intervenir en el proceso electoral…y nada más. De ahí se arranca enfáticamente con el quid de su gobierno, la cuarta transformación mediante el cambio hacia un régimen político.

Renacerá México, dice, “con una transformación pacífica y ordenada, pero al mismo tiempo profunda y radical, porque se acabará con la corrupción y con la impunidad”, ojalá así sea, porque nuestra Nación ocupa los últimos lugares internacionales en la materia.

De ahí se traslada a la Historia de los regímenes estatistas, tan convulsionados desde siempre, anécdotas de la lucha constante entre nuestro origen, nuestra identidad, nuestro presente y nuestro futuro.

Párrafos después, Andrés Manuel se convierte en economista, resaltando el trabajo de Antonio Ortiz Mena, en el período de 1958 a 1970, hace casi ¡50! años, en ese entonces México crecía al 6 por ciento sin inflación o endeudamiento.

Envía mensajes velados al modelo neoliberal como la epidemia económica que ha derrumbado los niveles de bienestar de los mexicanos, y mientras Enrique Peña Nieto tomaba apuntes (quien sabe de qué), el Presidente señalaba estadísticamente los errores del “sistema fallido”.

Retóricamente se dirige a su base electoral, a los treinta millones de votantes que confiaron en su proyecto político de gobierno, hacer un viraje en la trayectoria, pero sin “perseguir a nadie, porque esto no es un circo”, es decir, nivela la justicia con espectáculo.

Menciona lo desgastante que sería llenar las cárceles de los corruptos, se perdería tiempo en regenerar al país, en construir una nueva patria, en cambiar la vida pública, reactivar la economía y pacificar al país.

Una especie de “borrón y cuenta nueva” para quienes por décadas se aprovecharon de las instituciones y sus ostentosos cargos para uso personal, creo que los Duarte, los Borge y los Gordillo deben estar respirando con tranquilidad.

También empodera a la ciudadanía, al darles la última palabra en la justicia y el desarrollo, las consultas van a ser un eje de su mandato, ya fuimos testigos de ello y vendrán más. Se compromete a eliminar al fuero, aunque en el primer intento, no se aprobó en la Cámara de Diputados.

Al referirse al polémico nuevo aeropuerto, evoca una ya celebérrima frase “me canso ganso”, que ya inundó las redes sociales, señala las bondades y ventajas que tendrán los inversionistas para inyectar de capitales a los sectores productivos nacionales.

Todas buenas intenciones – sin duda – pero que necesitarán de la integración y el esfuerzo de todos: sociedad civil, autoridades, Poder Judicial y Poder Legislativo (Continuará).

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