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Desde el micrófono: Un mundo complicado

Fernando Río, Desde el pódium de Fernando Río Rosado

por LaVerdad

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En el balance de vida propio, la reflexión de quienes fuimos, quienes somos y hacia dónde vamos es necesaria para poder dejar huella en nuestro paso; las enseñanzas son muchas, aciertos o tropiezos que nos dejan algo más, esa experiencia que no se gana en las aulas, se obtiene en la vida.

Nací en 1958- tengo 60 años- y estudié la primaria y secundaria en escuelas públicas, la prepa en la escuela Modelo (estoy ligado a ella desde entonces) así como la carrera en la Escuela de la Asociación Nacional de la Publicidad. Me tocó disfrutar de la música de los Beatles, Rolling Stones y Grand Funk.

Como cualquier “chavo” de esa época salía a disfrutar mis fines de semana en los antros de moda y no estuve exento de probar el tabaco o el alcohol a muy temprana edad, entre los 12 y los 16 años; el cigarro, al filo de los treintas fue prueba superada, mientras que la bebida jamás ha representado algún problema, puedo disfrutar una copa de vino con los amigos, sin excederme. Los paseos en el Malecón o las fiestas también fueron parte de mi desarrollo, momentos de sano esparcimiento de cualquier yucateco.

No me equivoqué, ya que al regresar a Mérida mi cercanía con la familia Rivas Polanco me permitió mi primer empleo en Organización Radio Peninsular, hoy Grupo Rivas, donde conocí a Don Rafael Rivas Franco, precursor de la radio en Yucatán y empresario en otros giros relacionados con la música. Posteriormente, promoví, en una preselección de voces a Eduardo Luján  Ponce, quien un par de años después, me correspondió al invitarme a ocupar una plaza en el departamento de Relaciones Publicas del Tecnológico de Mérida

Hice carrera y me jubilé luego de más de 35 años de servicio; en ese lapso, descubro mi vocación por los micrófonos y de manera particular por la conducción, en donde inicio en 1980 hasta julio del 2015.

Gracias al micrófono, trabajé en Conalep, Canal 13, en el Gobierno del Estado, como maestro de Ceremonias así como en Grupo Sipse, la Secretaría de Educación de Yucatán, el IFE, el IMSS, el Issstey, y la Universidad Modelo, entre otras.

Tengo familia y tengo hijos, y como cualquier padre observo que las generaciones de hoy, los llamados millenials y los pre-millenials, tienen retos diferentes a los que vivíamos hace algunas décadas.

Sabemos que las oportunidades en nuestra existencia son de quienes luchan por conseguirlas, ya que en el trabajo y/o en la escuela, el esfuerzo será lo que te distinga ante los demás. Esto lo sé muy bien, porque mi currículum laboral está lleno de momentos que atesoro con el paso del tiempo.

Ese ‘sentido de urgencia y necesidad’, que hoy se va extinguiendo en la inmensidad de la tecnología y la comunicación veloz, y que sin embargo se agrava con la escasez de espacios para la juventud, con empleos mal pagados, con la proliferación del dinero fácil proveniente de la delincuencia o los vicios.

En Yucatán hay más universidades públicas y privadas, pero sumado al incremento poblacional ha generado una mayor oferta y una menor demanda. Los mercados empresariales, viendo su propio bienestar, buscan profesionistas de tiempo completo ofreciendo sueldos incompletos para una calidad de vida digna.

Bastante común es ver a egresados atendiendo una ventanilla bancaria o siendo choferes de Uber, ocupaciones dignas, pero no acordes a los años que pasaron haciendo proyectos o investigaciones de su preparación profesional.

Tecnológicamente estamos viviendo un contrasentido: hace unos meses, grandes empresas como Adidas y Ali-baba en China ya abrieron sus primeras fábricas controladas y operadas únicamente por robots, interesante, sin lugar a dudas, pero con la interrogante…¿Y esos miles de empleos que se pierden, que sucederá con ellos?

Es imperante en las políticas públicas de Gobierno ocupar un análisis profundo de lo que se necesita hacer para revertir esta situación: promoción del emprendimiento, de la transparencia y de la honestidad como ejes del desarrollo.

El arte, la cultura, mejores condiciones económicas deben y necesitan ser prioritarios en la construcción social, pero no en el discurso, sino en los hechos. Llevar nuestros productos, servicios y mano de obra calificada a todo el mundo y generar libre empresa que aporte con sus impuestos a un México más progresista, que pueda competir con los mejores países del planeta.

Porque cuando integremos voluntad, familia, escuela, gobierno, tendremos una juventud que nos garantice una sociedad feliz y productiva; nosotros ya vamos de salida pero tenemos que cimentar las bases de un mejor futuro para todos.

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