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Cuentos cortos: #Yo también!

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Lidia Sanciprián es escritora y columnista y colabora en LA  VERDAD Twitter: @rsanciprian2

Por Lidia sanciprián

01/01/2019 05:12

"Sí. Yo también fui educada para ser abusada por cualquiera".

 

Afirmaba Tania. Ella no pertenecía al grupo de famosas que denunciaron acoso sexual de algún otro famoso, el abuso que ella sufría era más sutil y ocultó y no por ello menos dañino.

 

Empezó desde que tenía uso de razón y fue discriminada por no querer jugar con las muñecas y preferir las canicas, por rechazar los moños y ligas en la cabeza untadas con limón para fingir que ni un tsunami la despeinaba.

 

De ahí pasó a vivir una adolescencia en la que se le prohibían libertades que los hombres poseían; salir de noche, beber, experimentar la sexualidad, en sus hermanos se aplaudía y en su caso se rechazaba.

 

Tania podía decir “Yo  también”…

 

No le faltó alguno que otro jefe que aprovechando su situación de posición jerárquica intentó besarla, o sobrepasarse y ella también lo calló, lo contrario sería aceptar perder el trabajo, exponerse a un conflicto más grande, así como poner en riesgo a los que la rodeaban.

 

Sólo aparentó que no pasó nada, finalmente le dolía más, escuchar a sus amigos o hermanos expresarse en conjunto:

 

“Los hombres llegan hasta donde la mujer quiere”.

 

Para ella significaba que el hombre no tenía ninguna responsabilidad, era  la mujer la que debía asumir lo que sucediera entre ambos.

 

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Calló, calló, calló, hasta aquella última ocasión que seguía escuchando en la Navidad relatar a alguno que otro, acerca de las mujeres que llevaba y las que le faltaban, como si hablaran de vulgares objetos desechables que se compran en Oxxo.

 

Entonces rompió la reunión con un “Basta”.

 

Sucedió lo que siempre temía la desaprobación y el rechazo; lo que se haga o diga de una mujer nunca será más importante que mantener la armonía en un hogar, entre amigos o una empresa

 

- No es para tanto Tania, no hagas caso, no vale la pena que incomodes a todos, no los puedes cambiar, sólo escucha y calla, eso es todo, decía su hermano mayor.

 

Tania replicó

 

"Que se rompa la armonía, estará bien terminar con  la tradición, dejar de atender y servir,  para cambiar en estas pequeñas reuniones sociales y familiares que es donde educamos a nuestros hombres y mujeres".

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