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Cuentos cortos: Vivir a cachos...
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Cuentos cortos: Vivir a cachos...

Cuentos Cortos por Lidia Sanciprián, escritora y columnista invitada en LA VERDAD.

Twitter: @rsanciprian2

por Lidiasanciprián

Cuentos cortos: Vivir a cachos...

Cuentos cortos: Vivir a cachos...

Después de muchos años de estar encerrada Ana decidió salir. Tulum era el lugar ideal, un sitio sin pretensiones. Estaba distraída con el mar, a unos metros había un hombre, parecía extranjero, alternaba la lectura con una que otra zambullida.

Se cruzaron algunas miradas, Ana dudaba si la miraba a ella, traía unos lentes negros, de esos que blindan el rostro. El hombre se levantó y se dirigió a ella, empezaron a conversar con las formalidades propias de un encuentro informal. Ella quedó cautiva antes de que transcurrieran cinco minutos; se dedicaba a ayudar adictos en recuperación.

Le preguntó:

-Eres doctor.

-No, la vida me entrenó, fui vagabundo.

De vagabundo a consejero, pero sobre todo le llamó la atención su desnuda honestidad.

Así transcurrieron horas hablando, Ana se sentía abrazada por un hombre que estaba interesado en sus historias familiares, de travesías, y demás.

Se llamaba Clark, se levantaron de la mesa, caminaron juntos hacia una terraza frente al mar.

No supo cómo él la empezó a besar, estaba asombrada y llena de sensaciones, demasiadas cosas para una noche.

En ráfagas de segundo recordó su pasado, su exesposo, y la vida que sin querer tuvo que dejar. El siguiente pensamiento era el presente, el mar, el aire que le pegaba fuerte pero no con más fuerza que con la que Clark la podía sostener, todos los pedazos de su vida se acomodaban con cada beso, como si levantara una pieza que después iba colocando en su lugar. Parecía que en segundos había reunido y pegado a Ana otra vez

Eran ya muchos años de estar a cachos y a ratos desde que su exesposo había partido, no quería que aquello acabara, quería caminar a la siguiente puerta, quería saber qué seguía, no sólo era la curiosidad y el confort de estar con Clark, era atreverse a cruzar la puerta que parecía nunca más se abriría.

Hablaron de sus temores, Ana el de relacionarse con tanta velocidad con un extraño y él, su miedo a tener alguna conección emocional y regresar al día siguiente a Oregón.

Los dos temores se cumplieron se unieron aquella noche y al día siguiente él partió, Ana lo guardó en su recuerdo y en su gratitud, él fue la puerta de salida otra vez al mundo.

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