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Cuentos cortos: Los aeropuertos.
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Cuentos cortos: Los aeropuertos

Lidia Sanciprián es escritora y columnista. @rsanciprian2

por Lidiasanciprián

Cuentos cortos: Los aeropuertos.

Cuentos cortos: Los aeropuertos.

Ernesto tenía una de las citas preferidas de su vida: el aeropuerto, tendría que estar tres horas antes, pero llegaba cuatro.

Le gustaba llegar solo, en un taxi. Desde ahí empezaba a respirar libertad, ese don de sentirse dueño de un nuevo destino que guardaba una caja llena de misterios, lugares, gente y placeres desconocidos.

La adrenalina de estar despierto con toda la atención en el momento presente; los boletos de avión, la cartera, la identificación, las maletas, donde una vez más empacó pedazos de su vida.

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Un abanico de ropa por los climas que podrían cambiar, las medicinas, los zapatos adecuados también para lucir.

Esta vez sólo llevaba un boleto de ida. La sensación de volar sin cadenas ni fechas de retorno. El viaje empezó meses antes, los preparativos y ahora su lugar de embarque: el aeropuerto. Siempre existía la ansiedad de que no hubiera ningún obstáculo al pasar los filtros de seguridad y aduana, veía con un dejo de superioridad la sección de vuelos nacionales para cruzar la puerta de viajes internacionales.

Recorría con calma y atención todas y cada una de las tiendas revisando no faltará nada en su maleta; conectores de teléfono, una buena almohada para dormir. Veía con atención los títulos de libros y revistas para elegir aquel que le haría compañía en su largo vuelo. Algo de golosinas y un poco de comida de reserva.

Era un placer para Ernesto contar con tiempo extra para un momento de relajación en los sillones de masaje y por supuesto una última comida.

Estaba todo listo y finalmente llegó a la sala de abordar, sonó su teléfono -un número desconocido- contestó una voz femenina que confirmaba su nombre y finalmente le dijo:

- ¡Es usted ganador de un auto del año! tendrá que presentarse la semana siguiente por su premio.

Por un momento se le congeló el pensamiento, pero segundos después respondió:

-¡Ya soy un ganador y ya tengo mi premio! París me espera, le regalo el auto, viaje mucho.

Para Ernesto esa fue una llamada de buenaventura, una señal más de que iba en el destino correcto.

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