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Cuentos cortos: Las mujeres del pueblo
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Cuentos cortos: Las mujeres del pueblo

Por Lidia Sanciprián, escritora y columnista. Twitter: rsanciprian2

por Lidiasanciprián

Cuentos cortos: Las mujeres del pueblo

Cuentos cortos: Las mujeres del pueblo

Nació hombre, creció entre mujeres; las enaguas de la abuela, la protección de las tías y la educación de la madre . Aprendió de las mujeres todo lo que debía ser y de los hombres lo que no se debía.

Asunción, la abuela, se ocupó de que su nieto Simón fuera una chico educado, con principios y de buenas maneras; su madre dedicó su tiempo a trabajar en lo que podía, mientras la abuela cuidaba del chico.

El padre de Simón aparecía a veces y eran torbellinos en aquella casa, la abuela daba discursos de buen comportamiento; su madre solo callaba y rezaba esperando un milagro y el padre de Simón  hacía monólogos de cómo ser hombre en  pocos pasos, luego volvía a partir y la casa recuperaba la paz que regala lo cotidiano.

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Simón descansaba cuando su padre partía, pero ansiaba verlo pronto, en su interior quería detener aquel hombre a su lado, conquistar y entender  su alma. No comprendía qué sucedía, pero deseaba domesticar aquella figura masculina que rompía el equilibrio de una casa desequilibrada.

Vivía rodeado de mujeres que le resultaban bastante predecibles, sabía cuando rezaban, lloraban y utilizaban la chancla para corregir. Simón quería hombres en su vida y llegando a la adolescencia este deseo se confirmó.

A los 16 años encontró un cómplice, un chico varonil, seguro de sí mismo, que cuidaba su físico como mujer, pero con los rasgos tóxicos de su padre; un día lo buscaba y  otro partía, no se sabía qué pasaría con aquel personaje por más de dos horas.

Simón se enamoró de él, en medio de una lucha de lo que debía ser y lo que su alma y cuerpo le pedían. No entendía qué sucedía solo le angustiaba qué haría con aquellos sentimientos y el  miedo de ser descubierto por el equipo de mujeres que habían hecho tanto por él.

Llegó el día en que Asunción, la abuela, mando llamar a Simón, el chico se postró como tantas veces sobre las enaguas de la abuela, le pidió perdón, la abuela lo guardó en sus faldas y solo dijo:

"Elige lo que te haga feliz, no te castigues, las mujeres de este pueblo, amamos a nuestros hombres como quiera que elijan ser"

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