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Cuentos cortos: La selfie.
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Cuentos cortos: La selfie

Lidia Sanciprián es escritora y columnista. @rsanciprian2

por Lidiasanciprián

Cuentos cortos: La selfie.

Cuentos cortos: La selfie.

Es una razón para viajar, visitar un lugar exótico, es un motivo de levantarse y de asistir al evento del año, es una invitación a salir con los amigos.

“Volví a la vida el día que descubrí el vanidoso placer de autoretratarme, en realidad los lugares, la escenografía, las personas, solo eran un pretexto para estirar la mano y presionar la cámara”.

Así vivía Alicia, consideraba algunas reglas para su mosaico fotográfico que no le permitieran a ella misma descubrirse frente a sí: debía haber algunos más en la foto, en otro tanto, ella con ella.

Alicia siempre en primer plano no por vanidad, sino por que era la fotógrafa, si ella lucía bien lo demás no importaba, la foto se seleccionaba.

A pesar de contar con pocos recursos, adquirió el teléfono con la mejor cámara, dominaba el software de retratos y aplicaciones para lucir la piel más tersa, los ojos más nítidos y los colores contrastados que resaltarán su rostro.

En realidad los sitios, las personas y las situaciones tenían poca importancia, ni siquiera la foto era importante. Su rostro era lo relevante.

Atrás de aquellas fotos había un mensaje que ella misma no tenía consciente, pero comunicaba la venta del producto más preciado con que contaba Alicia: Ella misma.

El mensaje pretendía ser sutil: Soy feliz, soy plena, estoy rodeada de gente que me quiere, mi mundo es bello, no falta nada, es perfecto....pero estoy SOLA.

Sabía que aquel domingo sería inolvidable, le esperaban paisajes y naturaleza para grandes marcos de vegetación y colorido. Se embarcó en una lancha con varios personajes que le servirían de comparsa, esperó que apareciera el

horizonte completamente azulado del mar Caribe, se colocó en la proa, empezó a buscar el mejor ángulo, estaba entretenida con su rostro como para darse cuenta que una ola intempestiva golpeó la embarcación, primero voló su teléfono y luego ella, sin ningún control cayó.

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La arrolló la lancha y la hundió; tragó agua. Pasaron unos minutos -que parecieron horas- para que pudieran rescatarla. 

Maltrecha, sin aire, sin ego y sin selfie quedó tirada en la lancha; no entendía qué sucedió; como Narciso quedó congelada ante su propia imagen.

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