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Cuentos cortos: La caducidad
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Cuentos cortos: La caducidad

Cuentos Cortos por Lidia Sanciprián, escritora y columnista invitada en LA VERDAD.

Twitter: @rsanciprian2

por Lidiasanciprián

Cuentos cortos: La caducidad

Cuentos cortos: La caducidad

La condena del hombre es que no se queda con nada y ha de conformarse con guardar en la memoria aquello a lo que ha entregado el alma.

Miguel cumplió los sueños que se prometen en la vida:

El amor que se casa.

La casa que se termina.

Los estudios que se alcanzan.

Los viajes que se realizan.

Los encuentros que se logran.

Los hijos que se tienen.

Todo estaba hecho, ahora sólo deseaba empacarlo y llevarlo en su maleta. Llegó la edad del retiro.

Esos años en los que ya cuentas con la templanza para sentarte, contemplar la vida y disfrutar de aquello que se logró, era quizás el sueño más preciado de todos.

Pero en ese tiempo llegó también la enseñanza de la “La caducidad”.

Y entonces es como cuando quieres regresar, pero no te quieres ir de donde estás.

Pasó muy rápido, pero fueron muchos años, o más bien, fue muy poco pero es una vida, y Miguel quería detener el tiempo pero los días corrían, las arrugas duelen y el olor también envejece.

Y creía que tenía todo, pero no tenía nada.

No podía quedarse con los hijos. Todos se habían ido, la casa le quedaba grande, los viajes estaban en las fotos, los estudios en su cabeza y sus amores en alguna parte del cuerpo que no sabía, porque cambiaban de lugar de la cabeza al estómago, ya poco en el sexo y más en el corazón.

El día de su retiro llegó Perla, su esposa, le dijo:

- Al fin solos..

Se abrazaron y lloraron juntos, Miguel no supo si de alegría o de tristeza todo lo que crearon le había llegado la fecha de caduci­dad.

Se tomaron de la mano se perdieron en el horizonte y salieron con una maleta vacía a buscar lo que durante tantos años creyeron estaba guardado, con el consuelo que al me­nos hasta ese día, tenían la mano del otro.

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