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Cuentos cortos: Aquél.
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Cuentos cortos: Aquél

Lidia Sanciprián es escritora y colabora con LA VERDAD. Twitter @rsanciprian2

por Lidiasanciprián

Cuentos cortos: Aquél.

Cuentos cortos: Aquél.

Aquél, que mira a muchas, -que le gustan todas-, que las alcanza. Aquél, que le provoca a varias y me dice las cosas que me prohíbo, justo lo peligroso; lo que no se alcanza y se persigue.

Parece mi padre, pero es como un niño, domina con su presencia, irreverente, galante y maleducado.

Atrae por complicado; inaccesible por ratos y en otros entregado. Le persigo yo misma y pido no alcanzarle.

Le conocí en un día de campo, como verbena, entre música, gente, baile y naturaleza, un convivio de todos con todos, pero desde el principio de aquel hombre conmigo.

Acabó con el ocaso. El sol no era más visible y a pesar del cansancio no deseaba que terminara; su auto se averió y el destino lo colocó a mi lado buscando mecánicos -hablamos y hablamos-, entró la noche, lo resguardé en mi casa.

Era tiempo de dormir. Nos abrazamos en un beso eterno que no tuvo principio ni fin claro. No hubo sexo, solo hicimos el amor durante el día, ese cortejo de miradas, roces, palabras, de abrir los corazones sin más.

Llegó el amanecer el hombre partió con la promesa de no volver, era evidente que no había más en aquel lugar; pareció ofensivo a un personaje de todas las mujeres que no recibiera lo que acostumbraba y pensaba que siempre le pertenecía.

Me quedé con las ganas ocultas, pero llegan tiempos en que se prefieren guardar los deseos en los cajones correctos que soltar los placeres.

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De sobra se sabe que el tiempo apacigua y ya no se arriesga nada más por el cuerpo, éste ya aprendió a resguardar al alma.

Con los golpes se aprende y que el deseo se apague por muerte natural.

Recuerdo a Aquél sin nombre, que se agradece en las tardes de soledad y dibuja sonrisas con aires de juventud.

Meses después cuando todo retomó su lugar tocaron a la puerta, era un mensaje de Aquél, anotaba un lugar, una hora y un deseo. Cerré la puerta escondí la nota como para olvidarla pero se escribió en la memoria más profunda de todas, la de los deseos, faltaban unas horas y aún no sabía si llegaría a la cita con un nuevo destino.

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