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Cuentan Por ahí: Una irrealidad contagiosa
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Cuentan Por ahí: Una irrealidad contagiosa

LA NETA.- El promedio es cuatro personas por hogar, sin aire acondicionado para temperaturas de 40  grados y en pequeños cuartos que atrapan el calor.

por Luis Sierra Martínez

Cuentan Por ahí: Una irrealidad contagiosa

Cuentan Por ahí: Una irrealidad contagiosa

Ándale, vamos a la playa, ya sé que estamos en fase 2 y, ¿cuál es la orden?, que nos quedemos en casa, y la casa de Uaymitún nos espera.

Piénsalo, dicen que pronto habrá fase 3 y que en junio repondremos los días de escuela…son las últimas vacaciones –señaló Carlos a John vía telefónica.

- Si quiero, pero regresar hasta Semana de Pascua, mis papás insisten en Susana Distancia.

- Le voy a decir a mis papás que les hablen.

A mi casa solo vamos ellos, yo y mis hermanos, Enrique llevará una noviecita. Por seguridad, van los sirvientes, para hacer la casa y las compras.

Hagan lo mismo.

Cenamos juntos el viernes santo en mi casa y mientras nuestros papás platican nos reunimos con Verónica y Carmen en la playa, irán otros amigos, pero pocos.

Ya sabes cómo piensa mi familia, el virus es una vacilada, además, analízalo, ¿has escuchado de algún joven muerto?

El filósofo francés Albert Camus, en “La Peste”, señala que las plagas son algo común, pero es difícil creer en ellas hasta que nos afectan; y cientos de familias yucatecas partieron a disfrutar su encierro en la playa, en un ambiente donde la sana distancia es relativa a la brisa del mar y no al virus, tanto en niños, jóvenes, adultos y en la convivencia con los lugareños.

Profesan un mar imbatible, que su salinidad corrompe hasta el virus más pesado, pero este es ligero; además, Progreso los recibe con su primer caso, y con la noticia de que el mar no es seguro, el portaaviones francés Charles de Gaulle reportó, “sin explicación” oficial, 40 casos de Covid-19.

El también periodista de origen argelino concluye en su novela, que “la plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que es irreal, un mal sueño.

Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan…, porque no han tomado precauciones”. Este despecho hacia el coronavirus no es exclusivo de una clase, y podríamos cobrar la factura en un futuro próximo.

Nuestro país, estado y ciudad están compuestos de muchas realidades, de estratos que interpretan el contexto de acuerdo a sus medios de subsistencia. En todas ellas, encontramos gente que no respeta las normas, “por ser irreales”.

Hay casos en que la realidad hace añicos las normas de no quedarse en casa.

El censo del INEGI de 2015 revela que uno de cada 10 yucatecos, habita en viviendas de un solo cuarto; dos, en de dos cuartos; y casi tres de cada 10, en viviendas de tres cuartos; uno sirve también de sala-comedor.

El promedio es cuatro personas por hogar, sin aire acondicionado para temperaturas de 40 grados y en pequeños cuartos que atrapan el calor. Imaginen la odisea de los papás para que evitar que sus hijos salgan al patio a jugar con los amigos o impedir a los jóvenes ir a ver a su noviecita.

Dos realidades, dos contextos económicos diferentes: raleas que construyen una quimera de oro contra la contingencia, pero hasta la familia real británica tiene sus víctimas, o familias que prefieren enfrentar el virus que su dura realidad.

Pero hay un tercero en discordia, quienes mantienen una vida social activa, quizá menos frecuente, y añoran las vacaciones. Todos creen tener poder sobre el coronavirus, pero éste les marca el camino, les genera incertidumbre sobre el presente y el futuro de ellos, la familia, los amigos, la sociedad.

Un tropezón de cualquiera y todos saldrán afectados, incluso la mayoría de las familias que permanecemos en casa, y el golpe será muy duro, Italia está de ejemplo. No hay que descuidarnos, debemos seguir las indicaciones de los expertos.

Si no lo hacen por el bien social, háganlo por ustedes mismos.

Por su parte, los jóvenes se sienten invencibles, osados, incrédulos; dicen enfrentar mejor la enfermedad e incluso ni presentar síntomas, pero son fuentes de contagio para una cruda realidad: abuelitos, papás o tíos con problemas de hipertensión y diabetes, no solo en su familia, sino también en la de sus amigos.

Ustedes son el futuro, pero, ¿qué parte quieren ser, el que llevó al caos a la sociedad o el que construyó una reformada tras el virus?

El apóstol Pablo escribe en Romanos: “Así que, nosotros los que somos fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no agradarnos a nosotros mismos”.

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Esto nos traerá bendiciones no solo personales, sino también familiares y sociales.

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lucasierramartinez@gmail.com

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