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Cuando una historia familiar de tíos lejanos te llega al corazón
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Cuando una historia familiar de tíos lejanos te llega al corazón

Ni Con Frenillos Me Detengo por Adalberto Pereira diseñador gráfico de La Verdad

por AdalbertoPereira

Cuando una historia familiar de tíos lejanos te llega al corazón

Cuando una historia familiar de tíos lejanos te llega al corazón

Pocas veces admito que lloré, esa supuesta hombría que nos caracteriza a los varones por no permitirse ser tan sentimental a causa de la idea social que nos orilla a no demostrarlo. Siguen habiendo personas que creen que los hombres no deben llorar, pero que gran estupidez, apues­to que hasta Sansón había llorado un par de veces por Dalilah.

Se puede llorar por cualquier cosa, hay pretexto para hacerlo en cualquier situación incluso, puedes hacerlo cuando perdió tu equipo favorito de fútbol, cuando acaba de fallecer tu mascota o escuchando historias de la vida de tus familiares estando ebrio. Bueno, mi caso aplica más a la tercera opción.

Una tarde de descanso, esos días que se prestan para no hacer absolutamente nada y que termina siendo lo contrario. Talachas en la casa, diligencias por hacer, etc. El día apremió con su calor lo que elevó el antojo hacía una cerveza, y no se dijo más, fui y los compré para amenizar el resto de aquella tarde.

Después de varias latas tomadas, mi madre entró en escena y como buen hijo le ofrecí beber.

Pasó el tiempo y las historias comenzaron. Empezamos hablando de algo y terminamos en una curiosa historia de sus tíos.

Esas historias entre parejas de hace 2 generaciones atrás, con todos aquellos problemas que la gente de ese entonces tenía que cargar la sociedad y su ideología de los años 60s.

Una pareja que fue casada a los 15 años, el hombre estudiaba y la mujer no. En ese entonces el estudio no era para todos, la familia de la mujer se volcaba en su contra por casarse con alguien que en vez de trabajar se dedica a jugar con lápices.

La historia se pone más dura conforme mi madre sigue contando, pero aquí no lo contaré, es muy extensa y no sería correcto comprimirla en una columna cuando es sufi­ciente historia para ser un libro completo. Le guardaré el respeto que se merece.

En cambio hablaré sobre lo que me ocu­rrió después.

La historia en sí es acogedora, no se si el alcohol habrá hecho influencia en la forma de digerir el triste relato que estaba escuchando. Los ojos rojos llenos de lágrimas y un nudo en la garganta, era lo que sentía.

Entonces llorar, ¿qué termina siendo?

Una verdadera empatía hacia el suceso, si­tuación o acontecer hacia sus protagonistas o una simple reacción causada por la sustancia.

Voy a creer que es porque siendo hombre soy de corazón sensible y anticuado, aquel que si se inmuta ante una historia triste o una película y que no tiene pena de admitirlo ante esta sociedad fría e insensible.

El alcohol forma parte secundaria de este relato, es inhibidor de dolor físico ¡si! pero no del corazón. Seamos más abiertos de alma, más empáticos y disfrutemos de tener sentimientos raros en situaciones aún más extrañas, al cabo que siendo tuyos, siente lo que se te dé la gana sentir.

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