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¿Cuál es la verdad de la posverdad?

por La Verdad

Sabina Bautista / Escritora y asesora creativa de La Verdad. @barbiekundera.- ¿Cuál es la verdad de la posverdad? Lo único sólido que tengo es el vaso donde servir un Jack en las rocas. Por una semana decidí desconectarme de las noticias, me sentía sobre estimulada y sinceramente agotada de esa palabra que circula como un virus en los medios y redes sociales: la posverdad. El reconocido diccionario inglés de Oxford distinguió la posverdad como la palabra del año, pero ¿qué carajo es eso? El carajo es el balcón ubicado en el mástil más alto de una embarcación, por si tenías duda, pero la posverdad es algo más complejo. Y dado que la palabreja surgió de las redes y ganó popularidad, la Real Academia Española pronto la incluirá en su corpus como “las aseveraciones que dejan de basarse en hechos objetivos, para apelar a las emociones, creencias o deseos del público”, palabras más, palabras menos, la posverdad es una mentira o mera propaganda. De acuerdo con el filósofo A.C. Grayling, en una entrevista en la BBC, el fenómeno de la posverdad ha sido empoderado por el hecho de que todos pueden publicar su opinión en redes sociales. “No es el hecho el que importa sino cómo me siento frente a ello” afirma. Responde a una postura narcisita y contradictoria. Si un político puede tomar el pulso de ese sentir —como el sentimiento anti inmigrante— expresarlo en voz alta afirmando que “ellos son los culpables de todo lo malo que nos pasa, nos roban el trabajo” y touché a fuerza de ser repetida una y otra vez se convertirá en posverdad, que luego será negada en los medios, y ellos a su vez serán culpados de publicar noticias falsas. Hagamos un ejercicio: titular de la mañana en el NYT: Trump es un mentiroso. Respuesta de Trump: Los medios mienten. Un mentiroso dice una verdad a medias, porque sí, los ciudadanos sabemos que a veces los medios mienten, y también sabemos que Trump es un mentiroso, pero ahora dice una verdad. Una negación negada es una afirmación verdadera. Por eso la paradoja. Vivimos en un siglo líquido y narcisista, y le creemos a quien miente mejor. ¿Cómo llegamos a esto? El relativismo le abrió la puerta a la posverdad y la tecnología le dio las llaves de toda la casa. Ahora no necesitas los hechos, y si los necesitas puedes producirlos con Photoshop y mentir descaradamente, incluso ganar un Pulitzer con una imagen falsa. Y luego decir la verdad sobre ella, y luego volver a publicar la imagen falsa. Kant, sostenía que no mentir era un principio fundamental, es decir aplica para todos y bajo ninguna circunstancia era sostenible mentir, aún y cuando ello significara el bienestar de la mayoría o de una comunidad particular. Mentir era, por principio, malo universalmente. Sin duda tú, como yo hemos dicho alguna mentira, y nos hemos disculpado llamándola una “mentira piadosa” que realmente no daña a nadie— o precisamente creemos que mentimos para no dañar— pero la mentira no pierde su cualidad de engaño. Kant afirma que, si la mentira fuera una regla universal todas las personas sabrían que todos mienten, entonces la mentira ya no tendría el efecto esperado. En este siglo a Kant ya le hubieran dado varios infartos. ¿Te lo puedes imaginar escuchando Trump o a Borge? Ellos no creen que mentir sea tan malo y si lo hacen, es por nuestro bien. Desde niños nos enseñan con mentiras a mantener la esperanza. Nos mienten en la escuela, en la casa y hasta nuestros amigos, pero de acuerdo con la palabra del año no, no nos mienten, nos cuentan posverdades. ¿O tú que piensas?

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